martes, 15 de enero de 2013

Anomia Social ¿Causa o consecuencia?




Por: Eduardo Catalán

La Anomia Social es una consecuencia y no un factor aislado que surja de manera espontánea. Por lo tanto, tampoco es la característica de algún grupo en particular. La Anomia Social es el resultado del fracaso y de la ineficacia de aplicar sistemas político-económicos asimétricos como única alternativa de desarrollo.

Es un hecho que desde 1936 -momento en el que Merton elabora su tesis: “Estructura Social y Anomia”-, las cosas han cambiado muchísimo. Ya le hemos dado algunas vueltas más a ese engranaje desde entonces. Si bien su planteamiento se considera un gran aporte, sobre todo porque propone una teoría como punto de partida para el análisis de la estructura social (la suya, por supuesto),  todavía no ha resuelto el Problema Social. Aceptar a priori la existencia de un fenómeno social (por ejemplo grupos marginales) y al mismo tiempo plantear una estructura de análisis del comportamiento de los mismos es  un artificio contemplativo que  pretende  dejar en claro cómo son o cómo funcionan las cosas. 

Es aquí dónde Merton encuentra sus mayores limitaciones porque, cuando se trata de la respuesta social, más importante que demostrar la existencia o el comportamiento de determinados grupos es saber, ¿por qué existen y a qué responde su comportamiento?  ¿Quiénes permiten su existencia y a quienes favorecería su desaparición?  Y muchísimas otras interrogantes más, que todavía necesitamos despejar al respecto, dado que la dinámica de la realidad  crea diferencias; particularidades que escapan al momento de fijar los límites del análisis, para luego ser contenidas en nuevas hipótesis.  Existe gran desacuerdo entre plantear una teoría que explique un fenómeno social  -desde el muy particular sesgo político, económico y social  de su creador-; que aplicar una teoría (la de Merton, por ejemplo)  y analizar determinada realidad para demostrar la validez de la herramienta teórica. Es, precisamente, en el Trabajo de Campo, dónde los más brillantes planteamientos han quedado desfasados.   


En la medida que la conciencia social esté sujeta  a vínculos morales, religiosos o de cualquier otra índole que proporcionen al hombre fórmulas -algunas consideradas científicas por  Emile Durkheim -, el individuo, no podrá trascender a la condición de actor social sin transgredir dichas normas y valores (anomia, sin ley en griego). Para Durkheim   -teniendo en cuenta las circunstancias de la época que le tocó vivir y el grupo social al que pertenecía y para el cual escribía-, cualquier acto que rompa la estructura social imperante debería ser considerado una rebeldía y no una respuesta a la injusticia. El profesor Emile sostenía que las condiciones en las que se daba la división del trabajo de su época se justificaban en el hecho social, por lo tanto científico, en que todos los hombres nacían diferentes. No es de extrañar que aplicando en la actualidad algunos de sus planteamientos cometamos el grave error de meter en un mismo saco movimientos sociales que han tenido gran trascendencia, precisamente, por haber roto aquellos vínculos que tanto apasionaban a Durkheim.                  

Actualmente,  La escuela de Chicago afirma que: “las diferencias entre lo rural y urbano  se deben a ciertos procesos culturales de desorganización, disgregación y anomia social..”. En vez de enfocar la causalidad, como asegura Castells: “Hacia los procesos estructurales capitalistas que ellos mismos crean...” (política del shock).  En efecto, es extremadamente irónico que la Escuela de Chicago le otorgue carácter de causa precisamente a las consecuencias. Esto no hace más que poner de manifiesto la intencionalidad oculta y los propósitos de desinformación que emplea dicha escuela al difundir sus “conceptos”. Ya que, los hechos demuestran que dónde los Chicago Boys desarrollan sus políticas económicas se exacerban las diferencias sociales hasta los niveles más críticos. 

A manera de conclusión podemos afirmar que: La Anomia Social no es un fenómeno aislado que genere resistencias por sí mismo frente al orden establecido; tampoco se desprende de racionalizaciones nihilistas, mucho menos de ideologías antisociales que abriguen esperanzas de un nuevo orden. Por más que se trate de teorizar o de buscarle     algún lugar en un frenopático público; la anomia es sólo una respuesta a la injusticia. Quien hace la Ley, hace la trampa. Y nunca es al revés, cómo hasta el cansancio intenta convencernos la ideología dominante. No es verdad que todas las oportunidades están al alcance de todos. Cómo tampoco es cierto que la electricidad, las ondas hertzianas, el agua, la vivienda, la educación, la salud pública, la canasta familiar y nuestros atuendos tengan el valor que actualmente le asignan. La interrogante que quedaría por despejar sería: ¿Desde qué perspectiva concebimos nuestras normas y para proteger los intereses de quienes las forjamos?         

martes, 10 de julio de 2012

¿La vida es un sueño?



Hola Eduardo, te envío saludos cordiales.

Me agradaría que escribieras temas que despierten al hombre que yace dormido en las profundidades de la mente consciente y subconsciente.
Calderón de la Barca decía: " La vida es un sueño..." y tenia razón, pero como el mundo esta dormido, nadie lo leyó despierto sino dormidos. Vaya frase, leer dormido...
Que tengas un buen día.

Demóstenes Chávez, Médico Cirujano, Psicología, Filosofía, Misticismo y Marketing Digital.
© DR. DEMOSTENES MARCIAL CHAVEZ GOMEZ
http://www.whohub.com/demomarcial02


¡Hola, Demóstenes!

Cuánto quisiéramos hoy que la vida sea realmente un sueño. Me atrevo a decir que nunca lo ha sido, mucho menos, en tiempos de don Pedro. Sin embargo, la realidad amarga que imponen las desigualdades políticas, las sociales, las económicas y las culturales, actualmente exacerbadas por el poder de consumo que marca diferencias inquebrantables entre semejantes; convierte nuestras vidas en una fantasía a la medida de nuestras limitaciones. Resulta paradójico mencionar que “... leer dormido...”, connote niveles de entendimiento erróneos. Dado que el cerebro no descansa ni siquiera cuando el individuo está dormido. Existen métodos de estudio que utilizan el proceso del sueño para asimilar información. Por otro lado, La alegoría de “leer dormido...” se puede aplicar tanto a la obra de Calderón cómo a la Biblia o a La Declaración Universal de los Derechos Humanos, entre tantos.





Además, no porque el individuo se encuentre en estado de vigilia o no, se liberará de los lazos que lo atan al sueño impuesto por la ideología dominante, la sociedad de consumo, la competencia desleal y la envidia como único móvil de su desarrollo. Romper estas ataduras escapa de su facultad como sujeto, como actor social. Tampoco lo liberará comprender las razones por las que desea alcanzar tales sueños. Mucho menos, leyendo a los grandes pensadores. (Tristemente demostrado)



El peso que significa realizar nuestras fantasías materiales y a corto plazo, como añadidura, desestima cualquier información adquirida, ya sea en estado de vigilia o hasta en niveles oníricos.



Considero que las personas no andan adormecidas, sino más bien, convencidas o mejor dicho, presas de fórmulas ideológicas ajenas, de mecánicas de desarrollo inválidas y obligada a perseguir los sueños que el sistema de consumo les impone. Y como -debido a factores económicos-, nada de esto tiene fundamento realizable para el común de los mortales, tarde o temprano, aflorarán los sentimientos de angustia, de frustración y de impotencia. Y por compensación, como resultado a cambio, tendremos individuos aparentemente dormidos, pero preparados; narcisistas adaptados, listos para practicar con cinismo la competencia desleal; para desconocer la empatía, la solidaridad, la compasión, la crítica al abuso, a la injusticia, a la impunidad...



Que tengas un buen día mi amigo.



Atentamente, Eduardo Catalán





martes, 15 de mayo de 2012

Anomia Social - Definicion

  Por: Eduardo Catalán






La Anomia Social es la crisis que resulta del menoscabo de los Valores Éticos que se extiende desde el seno de una estructura o sistema social determinados, hasta el núcleo familiar más aislado. La Anomia Social es la visión sesgada de un grupo social cuyo desarrollo depende de aprovechar en su favor los vacíos legales, los proyectos sociales, los de salud, los de Ayuda Humanitaria, los de educación, etc, etc. La Anomia Social se manifiesta en el estado anímico y en el comportamiento social del grupo afectado. Es la respuesta a la desesperanza y a las desigualdades políticas, sociales y económicas; a la corrupción, al nepotismo, a la injusticia. La Anomia Social transforma el carácter social del grupo y origina patrones de conducta sociópatas que se gestan en la ideología dominante y se imponen desde las clases gobernantes y las instituciones. En sociedades donde la Anomia Social ha alcanzado etapas más críticas, el hecho de "morir” está siempre vinculado al de “matar”: a esos, a esas, a ellos, a ellas, etc. El factor destructivo que ejerce la Anomia Social exacerba el dilema de estar vivo; ya que, sublima la pulsión de muerte entre los individuos y conduce a la sociedad a una suerte de necrofilia permanente donde tanto el crimen como el suicidio forman parte del devenir cotidiano. Existe Anomia Social cuando la idea de la muerte es consecuencia de las condiciones sociopolíticas, socioeconómicas y culturales (raciales, religiosas) y no es el proceso natural y terminal que consiste en la extinción de un ser vivo
 

 

 

 

 


 

miércoles, 17 de agosto de 2011

VIOLENCIA Y PSICOANÁLISIS


Por: Eduardo Catalán


“...Creo que los ingleses, y yo me incluyo, son violentos con demasiada frecuencia; si observamos la historia, fui historiador, vemos en cuantas guerras llegamos a estar implicados...”.


Tom Sharpe

Comentario acerca de los disturbios en Londres.





Pese a que ser violento no es una atribución referida a ninguna, etnia o raza en especial; las palabras de Tom Sharpe, no sólo resultan acertadas; sino que plantean -desde su perspectiva- el argumento acerca de la preocupación que actualmente involucra el quehacer de la Psicología, la Sociología, la Antropología, la Filosofía contemporáneas y a ciertos grupos religiosos responsables. La atracción leve, mediana o patológica por la violencia, por el crimen, por los hechos de lesa humanidad impunes, los espectáculos, argumentos violentos -sin que esto signifique que el individuo participe de forma activa en ello-, cada vez más, forman parte del proceso de globalización, sin encontrar una respuesta que no sea culpar, al primero en agredir, a una etnia en especial, a la radicalización de un grupo religioso en particular o a la labor de la industria mediática en general o al avance corporacional y petrolero.



Sin embargo, mucho de esto corresponde a esa atracción por lo mórbido, por presenciar la desgracia, opinar de ella, hacerla su objetivo, ya en un grado patológico. Pero "Más Allá..." de la pulsión del placer, de las exigencias de compensación de la libido, más allá de una respuesta violenta como recurso de supervivencia. Más allá, de un más allá; existe una nefasta inclinación del Ser Humano hacia la necrofilia (1),hacia la crueldad por el hecho de sólo ser cruel. Por hacer sufrir por sufrir, por dejar sufrir a ella a él, a sí mismo, a ellos, a nosotros, a ustedes, a esos, a estos, a esas, a estas, etc, etc. (2)



Infinidad de conjugaciones que todavía encuentran justificación en los viejos clichés, en las racionalizaciones injustificables, en argumentos adrede inconsistentes, a la religión, al fanatismo de cualquier índole. En la medida que la complejidad de la naturaleza humana vaya aceptándose, también se irá controlando y reduciendo el impulso de atravesar la frontera de la violencia sin antes considerarlo.



Sabemos, conocemos las manifestaciones de la sexualidad desde un grado normal hasta extremos depravados. Lo mismo sucede con la violencia y la crueldad: está en el hombre. Pero la gran diferencia es que en la crueldad, en la violencia, no existe un grado que la califique como normal. Se es cruel o no. Tampoco existe todavía un vocablo, un antónimo, que se oponga o defina la “no crueldad”.(3)



Por esto, la violencia, la pulsión de maldad, de crueldad -que muchas veces surge hasta por causas justas-, debe ser rechazada de inmediato, ni bien surja. Este impulso debe ser trabajado, sopesado, considerado, razonado en la interioridad del individuo, antes de pasar a la acción. La violencia es Humana, pero también el raciocinio y por esto, es que se valoran a los grandes hombres y no por lo rudo, lo violento, lo agresivo que hayan sido.



(1)Erich Fromm: Anatomía de la Destructividad

(2)Derrida, Jacques: Estados del Psicoanálisis

(3) Derrida, Jacques: Lenguaje y las Instituciones Filosóficas



miércoles, 10 de agosto de 2011

Universos Paralelos

Por: Eduardo Catalán




Extracto de la novela “La procesión va por dentro”











Griselda Soledad llegó a Magdalena una tarde de otoño gris. Miguelín y Carmela la instalaron junto con sus bultos y sus miles de recuerdos en su nueva casita frente al malecón. Una vez estuvo sola, un chiflón pertinaz abrió con estrépito la ventana y goteando se infiltró insolente la bruma densa; algodonándose entre los acodados y zócalos. Esparciendo éter de luna por las cuatro habitaciones, el modesto bañito y la pequeña cocina con ventana frente al mar. Donde las aves marinas se posaban en espera del pancito remojado con leche.







Y el céfiro costero trajo consigo la presencia de sus muertos. Ese percutir sin fin de pedruscos estrellándose unos con otros -que la Mar Brava zarandeaba abajo-, en su habitación se transformaba en lamentos. Con frecuencia, era Rualdito pidiéndole perdón incansablemente. Otras veces, se convertían en los improperios con los que su padre siempre se dirigía a ella o también, en los insultos del militar abusivo que la maltrataba en la Argentina. Los oía a todos. El llanto de su joven sirvienta, que se quedó en Chile; a la peonada de Laredo. Sobre todo escuchaba los reproches de don Pablo, reclamando su presencia.







Griselda los reconocía desgarrada pero -una tarde soleada-, la tolerancia, mágicamente inundó su ser y las debilidades, las limitaciones, inclusive los abusos que había recibido de todos sus muertos fueron perdonados. Entonces, el tormento de sus visitas se disipó; gozando de una convivencia en perfecta armonía. Porque jamás se marcharon de allí ni si quiera el día que ella se reunió con todos para siempre.







Cada quién buscó una ocupación útil en la casa. Rualdito, tuvo recién oportunidad de enmendarse, correspondiéndole como el buen hijo que ella esperaba fuera siempre. Le aseaba los trastes, doblaba la ropa, limpiaba el baño. Su padre, contaba y le ordenaba correlativamente los billetes; también le ayudaba en las cuentas y le organizaba la alacena. Sus sirvientes y peones no dejaban que hiciese nada, se peleaban por prepararle el desayuno, el almuerzo y la cena. Las mujeres le hilvanaban la costura canturreando las viejas canciones que entonaban en Laredo, mientras hacían sus labores cotidianas. Su marido maduraba la fruta y fortalecía sus flores. Hasta el desalmado de su yerno se aparecía a veces, cuando la albaca estaba fresca.







Don Eduardo, le presentó a sus antepasados. El boticario, también se le aparecía a menudo aliviando sus achaques con su tónico mágico y sus cremas benéficas para la piel y manchas. Hasta las Hermanas Calavera, se quedaban a su lado horas, explicándole al detalle, cómo usarlas. Un día, apareció también el Francisco Valdivia. Irrumpió repartiendo infinitamente tarjetas suyas a cada uno de los presentes. Griselda se emocionó al verlo, recién pudo preguntarle, ¿por qué no regresó ese día? Valdivia le contó que nunca pensó fallarle y que fue un tranvía lo que se interpuso entre ambos.







Griselda aceptaba la visita de cualquier muerto, a sí fuesen extraños. Sólo llegaban y ella los oía contagiándoles la paz que, tanto buscaban vagando por la eterna oscuridad donde se encontraban. Griselda no necesitaba salir de casa para tener con quien hablar. Lo tenía todo dentro de su pequeño mundo y la pasaba mejor en compañía de los muertos, que impacientándose junto a los vivos con sus exigencias de, que lo vendiera todo y se fuera a vivir arrimada en alguna pequeña habitación, cerca de la casa de uno de ellos.







Uno de los extraños con quien mejor se llevó Griselda fue el doctor Estremadoiro. Ni él mismo supo como un buen día llegó a parar hasta allí. Tal vez fue por el tormento que le causaba no poder encontrar en esa oscuridad de lamentos sin respuesta, por el que vagaba su buen amigo don Ideal. Apareció una mañana fría de abril, cuando otro ventarrón le abrió esta vez la puerta de par en par. La anciana dejó su costura levantándose de súbito, dispuesta a reclamar la impertinencia del recién llegado. Pero resultó que el doctor Estremadoiro, que era nuevo en la muerte, había sido arrastrado hasta allí – momentos después de ser sepultado- por una fuerza incontrolable sin que supiese a donde era conducido. Lo primero que hizo al levantarse fue sacudirse el polvo del cementerio, creyéndose todavía vivo. Sorprendido miró a su alrededor, sin reconocer dónde se encontraba.







No tenía ningún recuerdo de su agonía, ni cómo habían sido sus últimos días. Pero sentía un dolor profundo en el alma que le impulsaba a recordar a don Ideal, del cual tampoco sabía nada. Luego de serenarse y de asumir la correspondiente actitud científica, que lo caracterizaba cuando vivía, llegó a la conclusión que, no podía estar más que en otra dimensión, en una de tantas de la que antes se ocupó en investigar, con tanto ahínco.







Griselda no se sorprendió en lo absoluto al verlo, tampoco don Eduardo ni don Pablo que, interrumpieron su eterna partida de ajedrez para darle la bienvenida invitándolo a sentarse junto a ellos, a esperar por siempre un turno, cuando alguno de los dos perdiese. Aunque eso nunca llegaría a suceder, era un consuelo mantener viva cualquier esperanza en ese lugar donde no existía un mañana. El doctor Estremadoiro se convirtió en una pieza fundamental dentro de aquel limbo, dónde todos estaban suspendidos, gracias al amor con que Griselda los recibía.







El doctor Estremadoiro, redefinió la naturaleza etérea de todos, induciéndolos a aceptarse como parte del mundo de Griselda. Única razón y poder que los mantenía aferrados al vínculo terrenal que -fracturado por la muerte-, ahora los sostenía como parte de otro universo paralelo no menos real y del cual un día se desprenderían, también. Sin embargo, todavía era un misterio cual era su papel dentro del mismo, ya que -aún siendo contemporáneo con la mayoría-, nunca se habían relacionado cuando pertenecían al mundo real, tal y como ellos lo percibían. A pesar de todo, el modesto científico, se acopló al grupo como si este hecho insólito fuese una consecuencia lógica de su trayectoria, por el inmenso cosmos que algún día fue tan apasionadamente objeto de su estudio.







Griselda pensaba que esos no eran asuntos de su incumbencia, pero asumía su presencia como algo natural y parte de su nueva realidad. Su trayecto accidentado durante todos esos años, había sido tan variable como sorprendente, desde que abordó el Aconcagua rumbo a destinos remotos. Lo que mayor paz le proporcionó a ella fue el hecho de poder -al fin-, sincerarse con don Pablo, acerca de los pormenores que la acusaban como bígama y que fuera tan cortésmente perdonada por ese hombre que la había amado tanto a su manera, desde el primer día que la vio.







Su primer marido tuvo también descanso eterno, luego de una agonía larga en el abandono de su precario lecho, donde ni el más vil de sus subalternos, se dignó a asistir. La muerte lo sorprendió en la lúgubre soledad de su habitación del destierro, al que fue confinado por los desmanes cometidos durante el periodo que le tocó ser primer mandatario y cruel dictador de su país. Las últimas palabras que profirió en su lecho mortuorio fueron: ¡Griselda, perdóname!







Sucedió lo mismo con su deteriorado padre, al sorprenderlo la parca en medio de una calle fría. Cuando el cadáver fue levantado, mal oliente ya, encontraron grabado en el adoquín de la acera con uñas y sangre: “perdóname Griselda, hija mía”. Único dato acerca de su identidad y que sirvió también como epitafio antes de arrojarlo a una fosa común, donde acababan los vagabundos de su ralea. Y que, el cura del distrito, mencionara apresuradamente entre dientes, conteniendo a duras penas las arcadas para no soltar el vómito sobre el cadáver putrefacto: “Padre de Griselda”, sólo pudo mencionar el hombre de Dios, partiendo de inmediato la carrera a devolver junto a un árbol, su reciente desayuno opíparo.







En general, todos los allí reunidos habían pensado o mencionado a Griselda momentos antes de su muerte. Inclusive, hasta los extraños que la visitaban habían pronunciado su nombre sin saber la razón por la que lo hacían. Todos formaban parte de aquel universo paralelo, al que ahora también pertenecía el doctor Estremadoiro.







Griselda, recibía constantes visitas de los seres vivos, como parte de esta misma teoría. Parentela que llegaba a dejarle costura y que luego recogía sin dejarle un centavo, siquiera. También la visitaban los peones y sirvientes que habían sobrevivido a la desdicha de Laredo y que ahora se dedicaban a labores domésticas en la Capital. A pesar de sus precariedades económicas, jamás se aparecían con las manos vacías. Colmándola de chucherías y alimentos, que Griselda recibía con manos temblorosas, derramando lágrimas a borbotones.







Griselda era una anciana sensible, reblandecida por los achaques de su edad y atacada por la demencia senil.







La estación de Radio Reloj –sintonizada las veinticuatro horas-, la informaba minuto a minuto. Este era su mayor y único vínculo con la realidad. Cuando los vivos se marchaban, pasaba horas comentando las noticias con los muertos y -por supuesto-, que tenían tema para rato. La tarde que la Guardia Civil entró en huelga y los negocios fueron saqueados y el Gobierno impuso el toque de queda a las cinco, coincidió también con el declive de su delicado estado de salud. Tal vez fue escuchar tan duras noticias o simplemente, sólo fue parte del proceso natural lo que ese día le impidió levantarse de la cama. Envuelta dentro de un dramático cuadro de confusión, dejó para siempre el mundo de los vivos coincidentemente, el mismo día que nació, hace 96 años antes.



miércoles, 8 de junio de 2011

Alcances sobre la interpretación de los mensajes o la teoría de lo que no se dice

Por: Eduardo Catalán



En la dinámica de interpretar lo expresado en un texto, nuestro raciocinio pone en juego una serie de factores individuales y sociales que no sólo afloran de forma simultánea, sino que durante el proceso también escapan de nuestro control; actuando como juicios de valor mientras leemos. Los que elaboran textos no están exentos del mismo y, por tal motivo, mucho se les queda en el tintero. Sin embargo, es sorprendente todo lo que puede quedar manifiesto en un escrito, desde la perspectiva de lo que no se menciona.




¿Cómo es posible establecer lo que un autor ha dejado de decir en un escrito, sin llegar a especular de manera irresponsable, con respecto a lo enunciado?






Esto se logra a través de la deconstrucción sincrónica de un texto -sea ficticio o real- y que haya sido planteado dentro de un espacio tiempo formal (cronología), para luego romper la aparente estructuración lógica en la que está basado. De esta manera se puede develar cualquier argumento oculto, intencional o condicionado que esté operando inmerso en el mismo.






Para que esto sea posible, tenemos que empezar respondiendo una serie de preguntas relativas tanto al entorno del autor, como al de los argumentos que maneja. Al mismo tiempo hay que cuestionarse sobre el objeto del mensaje. También establecer desde dónde se habla; qué voz se usa y en qué tono. Por último a quién se dirige y en qué términos. Cuanto mayor sea el escrutinio, mejor será el entendimiento.






En otras palabras, antes de emitir un juicio de valor respecto a un enunciado debemos empezar por identificar primero el estrato socioeconómico y los criterios ideológicos que maneja el autor. Si bien esta información no figura de manera explícita en todo texto, es posible leerla entre líneas a través de la exposición de argumentos. Del mismo modo debemos identificar la voz, es decir el tono; esto nos ayudará a establecer desde dónde nos habla. Es decir, qué postura asume el autor mientras escribe. Es condescendiente, paternalista, autoritario, fraterno, solidario, etc. Esto tampoco figura de manera expresa, sin embargo también se puede traslucir del texto.






Una vez identificado el que habla o de quién se trata el emisor, pasaremos al mensaje expreso. No sin antes establecer a quién se dirige y qué terminología utiliza. También podemos -si nos es posible-, determinar qué grupos se expresan como él y cuáles son sus intereses. Las reiteraciones, el abuso de lugares comunes, la extensión argumentativa, la dramatización, la condescendencia, etc. Evidencian también las intenciones detrás de los argumentos. Es decir que, paralelamente a un texto nos enfrentamos a un cúmulo de información que el mismo escrito sugiere, sin necesidad de que figure expresamente en él y que es necesario tener en cuenta antes de emitir nuestra opinión acerca de algo. Toda esta información y alguna otra más que sugiera la intuición –por más descabelladas que parezcan- se desprenden del texto y pertenece a todo lo que el autor no dice.






A simple vista, parecieran estar siempre de acuerdo y en armonía tanto los factores explícitos como los implícitos en los argumentos que apelan a la razón o los que revelan hechos comprobables o de los que hacen denuncia o también de los que plantean soluciones inmediatas extendiendo información especializada. Sin embargo, el significado real de un texto estará sujeto siempre, más a lo que connota que a lo que denota. Inclusive, los postulados científico-matemáticos encierran detrás de sus enunciados una mecánica laboriosa, que si no somos entendidos en la materia, muchas veces ni comprendemos.






Lo mismo sucede con los textos densos que orbitan alrededor de conceptos generales y cuya intención al ser elaborados está sesgada más por elementos de reconocimiento, exhibición y narcisismo, que por el hecho de revelar información útil, apelando al entendimiento. Por suerte, nuestra capacidad eurística nos permite asociar ciertos detalles dentro de cualquier texto y vincularlos con la propia experiencia, para emitir una opinión y salir airosos sin tener que confrontar nuestra ignorancia en determinadas áreas. Sin embargo esta capacidad intuitiva, con frecuencia nos juega malas pasadas y terminamos convenciéndonos que -eso que hemos entendido- es precisamente lo que un texto dice o trata de decir.






Identificación, mimetismo, reconocimiento, simpatías, afinidades, intereses creados, frustraciones, competencia, antagonismos, y cualquier otro fin ulterior alojado en el complicado universo individual del raciocinio son los elementos que se anteponen, cuando elaboramos un juicio de valor. Los prejuicios, los condicionamientos psicológicos, las diferencias de clase, las económicas, las políticas, las ideológicas, las religiosas, las culturales y las distancias geográficas determinan las prioridades y el orden en que estos factores actúan al momento de la dinámica del entendimiento. Tampoco es del desconocimiento de los que emiten mensajes, la forma en la que el público responde. Por ello, sus estrategias están también elaboradas en función a estos elementos. Es a este referente al que comúnmente apelan los medios cuando afirman que su programación y contenido se basa de manera “exclusiva” en lo que la gente pide.






Es indiscutible que la industria mediática identifica nuestras “necesidades” como público; tanto como, que nos tiene a expensa suya. Dado que, en la mayoría de los casos desconocemos sus intenciones con respecto a nuestras respuestas y terminamos convertidos en marionetas de sus propósitos. Esta situación resulta asimétrica y de una reciprocidad unilateral; no promueve respuestas o comportamientos que apelen a la razón sino, más bien, a las pulsiones del deseo para sublimar las expectativas de satisfacción.






Aunque parezca mentira, mucho de lo que creemos ser, nos lo ha sido impuesto de esta manera. Gran parte de nuestras opiniones no nos pertenecen y sólo son producto del medio que consumimos; ya sea porque nos identificamos con él o es el que está de moda o el que maneja la verdad, tal y como ellos quieren que la entendamos. También, porque es el medio que mejor expresa nuestras ideas políticas, sociales, económicas o religiosas. Cabe resaltar que, por nuestra condición de seres comunes y corrientes o por la de ser sólo ciudadanos de a pie o por el hecho de pertenecer a la muestra anónima de un público vasto, heterogéneo y geográficamente disperso; estamos desprotegidos frente al bombardeo indiscriminado de mensajes, que el poder mediático emite diariamente y cuyo objeto primordial consiste en ganar nuestra Voluntad a su favor. Ya sea para votar, comprar, leer, opinar, creer, conmover, donar, compartir, etc.






Frente a esta situación, ¿cuál debe ser nuestra postura cómo público, cómo lector? ¿Cómo ejercer nuestros Derechos de libre opinión y pensamiento y al mismo tiempo ser miembro o simpatizante de alguna agrupación política o religiosa, sin que esto signifique estar alienado o adoctrinado? ¿O con la voluntad hecha pedazos, a expensas de las exigencias del mercado?






Para despejar estas interrogantes es necesario adentrarnos en el área de los planteamientos del Estructuralismo, del Decontructivismo y de la Hermenéutica. Por supuesto que, establecer en este momento los conceptos que alrededor de estas disciplinas se manejan, resultaría no sólo extenso e innecesario, sino además pretencioso y narcisista. Dado que, nuestro interés está centrado en encontrar una herramienta práctica para la valoración de los mensajes y no en la exposición teórica del fundamento filosófico de las mismas.






Sin embargo, es posible acercarnos a ellas a través de sus métodos de análisis con respecto a lo que percibimos y a lo que genuinamente debemos entender de cualquier texto o mensaje. Estas disciplinas intentan universalizar la aplicación de la teoría de lo que no se dice, frente a lo que se enuncia expresamente para acercarnos lo más posible al entendimiento de lo que leemos, oímos o vemos. Paradójicamente, este propósito, se convierte al mismo tiempo en una razón gravitante y suficiente para que los emisores de mensajes desacrediten esta mecánica de análisis entre el común de las personas. Ya que su difusión los llevaría a identificar sus estrategias de persuasión y convencimiento, tanto como poner de manifiesto sus intenciones de grupo.






Actualmente nada escapa del análisis del deconstructivismo sincrónico. Desde cualquier producción artística hasta la expresión más simple del pensamiento. Así haya sido planteada con buenas o intenciones ocultas. O provenga del juicio más acertado. Porque los resultados siempre estarán dentro del plano de las motivaciones humanas: la satisfacción de los deseos, el reconocimiento social y la necesidad de afecto. Naturaleza Humana. Desde esta perspectiva, nunca más, en ningún sentido, la producción artística humana será considerada únicamente como una manifestación exclusiva de la búsqueda de la belleza. Sino, más bien, como la expresión de la complicada interioridad de su autor. De tal manera que, una obra, cuanto mejor expresada será también más bella, tanto como agresiva, ofensiva, manipuladora, aduladora o segmentada por cualquier interés individual. Por eso muchas obras artísticas encuentran justificación y validez sólo teniendo en cuenta el momento de su producción.






Este mismo artículo puede ser re-estructurado para ser deconstruido sincrónicamente y así poder leer del trasfondo, el estrato social, las motivaciones y propósitos de su autor.






























miércoles, 1 de junio de 2011

Libertad de Conciencia y Religión



 Por: Eduardo Catalán



Pese a las controversias que surgen en torno a la idea de un Ser Supremo; de un Creador del Universo; de una Doctrina Verdadera, etc. Las Libertades de Conciencia y de Culto son Derechos contemplados en el Art. 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; en concordancia con el Pacto de Derechos Civiles y Políticos Artículos 18 y 27; y con el Art. 12 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Estos Derechos están estrechamente vinculados con el de la Libre Expresión, en cuanto se refieren a que nadie será molestado por sus opiniones; otorgando la Libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras: “... Ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección...”. Sin embargo, por esta misma circunstancia, ambos Derechos están sujetos – sin que esto signifique la restricción de la libre Expresión-, a ciertas regulaciones referidas al Respeto de la Persona Humana y a la Reputación de los demás. Así como también a la protección de la Seguridad Nacional, el orden Público, la Salud o la Moral Públicas.

Debido a la naturaleza misma de este Derecho – ya que su contenido está formulado en el plano de las Ideas y de las creencias- debiera comprobarse su validez aplicando el enunciado en forma inversamente proporcional. Es decir que, al mismo tiempo, se conceda también el Derecho a no creer, ni tener un culto en especial. No obstante, cuando estas Libertades y Derechos son sometidos al raciocinio popular, es imposible que estas consideraciones no atraviesen por el filtro de las barreras psicológicas; ideológicas; económicas, culturales y de clase. Entonces, es cuando su aplicación se torna conflictiva y - en ciertos casos – resulta en los conocidos enfrentamientos en donde se ve comprometida hasta la Vida Humana. Lo mismo puede comprobarse con las reacciones referidas a los Derechos relacionados con las libertades Políticas.

Llegado a este punto, nos custionamos sobre aquellos postulados religiosos que representan una amenaza para quienes comparten o no estos credos. Ya sea por sus métodos represivos, de coerción, de expansionismo y de aplicación en la realidad. ¿Bajo qué fundamento podemos empezar a valorar estos planteamientos religiosos sin desestimar los Derechos que amparan su existencia?

La Psicología Social, el Psicoanálisis y la Psicocrítica nos permiten conocer el comportamiento de los grupos para medir el carácter social y acercarnos al entendimiento de ciertas ideologías y religiones, creadas por el raciocinio Humano. De esta manera, de acuerdo a la experiencia, es posible determinar cuáles planteamientos religiosos y qué ideologías políticas debemos abrazar en función de la continuidad y preservación de la Raza Humana.

En este sentido la Historia es elocuente y nos muestra qué valores deberíamos conjugar cuando se adoptan o se elaboran ideologías políticas o postulados religiosos, sin que ello signifique repetir esquemas nefastos. Aquí, específicamente, estamos refiriéndonos a los planteamientos religiosos o políticos de corte Autoritario.

¿Qué se entiende, por carácter autoritario? El carácter Autoritario, dentro de sus muchas manifestaciones, se identifica por la condición de sometimiento hacia una autoridad como visión exclusiva de existencia. Corresponden al carácter autoritario, tanto el que se constituye en autoridad, como el que se somete a ella. Convirtiéndose en una relación simbiótica sado-masoquista. En un romance dominante, dominado. Para reforzar esta situación - conveniente para los regímenes impositivos y para planteamientos dogmáticos - se han elaborado religiones e ideologías y toda una suerte de mecánicas que justifican y perpetúan la explotación del hombre por el hombre por la intimidación y la violencia.

Siendo que es imposible desarraigar las ideas político- religiosas, nos queda tolerar su existencia en la medida que estos planteamientos representan manifestaciones de grupos sociales cuyos derechos deben ser respetados. Sin embargo, cabe resaltar una importante salvedad. Y es que - si debemos identificarnos con algún planteamiento dogmático en especial o manifestar nuestra simpatía por algún sistema político en particular - esta elección debiera siempre de estar determinada por las posturas de corte Humanista y rechazar cualquiera otra, así venga “por un mandato divino”.

El sentimiento que nos impulsa a pertenecer a grupos ideológicos o religiosos es el mismo. Se trata de la sublimación de alguna idea en especial, por la cual nos convencemos, nos definimos y nos proyectamos como parte del universo dentro de un concepto que merece nuestra aceptación y que, sobre todo, define nuestra existencia. Lo que establece que siempre habrá en qué creer y a quién seguir. Las corrientes del pensamiento son cíclicas, lo mismo que su validez y aplicación en la realidad. Sin embargo, algunas no debieran volver a repetirse, como todas las vinculadas con manifestaciones autoritarias.

Si hemos de abrazar alguna creencia o ideología debemos ser cuidadosos para descartar los planteamientos autoritarios y adoptar más bien, los que tengan como respuesta la Vida, la fraternidad, la solidaridad, la tolerancia, el respeto, la empatía ; y no la muerte, la violencia, el abuso, la intimidación, la jerarquía, el exclusivismo, la investidura intelectual, etc. Hay que sospechar de toda buena intención que venga acompañada de la imposición; de la mano dura, de la disciplina rígida, de la línea de mando; aunque parezca provenir del mismo cielo. Porque es un supuesto Verdadero que Dios respeta nuestro Libre Albedrío. Y es así, cómo uno elige todo. Lo contrario, sería una imposición y estaríamos cayendo – nuevamente - en una situación autoritaria.