jueves, 26 de mayo de 2011

TODOS NECESITAN UN TRABAJO (*)

Por: Eduardo Catalán




(*) Extracto de la serie SUNPASS







“Llegado el momento, todos deben salir al mundo en busca de un trabajo. De una actividad económica que permita satisfacer las necesidades...”.



Hoy en día, lograr una situación económica destacada, se ha vuelto una fantasía bastante popular al alcance del común de los mortales. Y, aunque a muchos les tarde toda la vida materializar esta hazaña, la mayoría prefiere continuar creyendo que el éxito, se encuentra al doblar la esquina.



Y todavía quedan lugares al sur de la Florida, donde las expectativas de trabajo continúan despertando las más descabelladas ilusiones. Extremidad pantanosa rodeada de mar caliente, cada año amenazada por devastadores ciclones, sin embargo y a pesar de la crisis, superpoblada de inmigrantes en busca de trabajo. Para algunos pocos, conseguir un trabajo es fácil. Pero, para el común de los mortales, esta tarea es una permanente lucha incierta. A pesar de todo, la convivencia es posible. Y es que, secretamente, todos abrigan la ilusión de hacerse millonarios alguno de estos días.



Piso once. El elevador se detiene. Irma da un suspiro profundo y se arroja decidida. Se contempla con atención en el espejo del lobby. Se humedece los labios con la lengua, abre grande la boca y pasa un par de dedos rápidos por las comisuras limpiándose el labial. Se nota hinchada. La noche anterior no ha bebido. Pero se siente segura con los zapatos rojos que se ha puesto. Rojos como su vestido y su calzón. Se acomoda el busto y avanza.



...¿Por qué me va ir mal?...



-Mira, mi cielo: Calela, por contrato, llega con su propia gente. Y con eso nada. Ya tú sabes...



-Cualquier otra cosita... ¿Qué tienes al medio día?...



-Irmita, te voy a hablar con el corazón en la mano. Por el momento, no tengo nada en los medios. Menos en televisión...



-¡No seas guanajo!



-Tengo otra cosa... Quizás te interese...



-¡Suéltala que hay hambre, mi negro!



El sol está rayando. Un avechucho zanquilargo hurga hambriento a orillas del canal. Armando detiene la camioneta frente a un trailer de cuatro oficinas y dos puertas. Un grupo de camioneros entra, firman su llegada y, en el acto, parten presurosos a montarse en sus volquetes. Transportan arena, asfalto e insumos para la construcción de carreteras.



En la hondonada un par de gigantescas palas mecánicas extraen pedernal, para montarlo en los volquetes. Los camioneros hacen fila esperando su turno.



Armando enciende un cigarro, lanza una enorme bocanada de humo gris y se dirige al trailer. Un hombre inmenso con el casco plástico en la punta de la cabeza sale a su encuentro.



Una nube de guasasitas feroces atraviesa mortificando el ambiente.



-¡Mi hermano!



-¡Consorte!



-¡Aquí no hay nada! ¿Ah?...



-¿Eso es lo que le parece?



-Brother, por aquí sólo hay lagartos...



El cielo ruge. A lo lejos unos relámpagos anuncian chubasco.



-Desde ahora, esta cantera será tu nuevo campo de acción... – vocifera el gigante quitándose el casquito- Tú, vas a llegarte aquí cada vez que la corporación lo pida... Vienes y recoges la orden... Tú consigues a la gente, en fin, ya tú sabes...



-¡Mi Hermano! ¡Hago lo que usted diga!... - contesta Armando, frotándose las manos...



Una bandada de loros chillones enfila en lo alto buscando refugio entre los escasos arbustos que la corporación ha dejado por los alrededores.



-Este negocio es bien variado, socio. Por ejemplo: a veces hay obras en las que tenemos que derribarnos un buen tramo de las cercas del vecindario y nosotros nos las tumbamos ¡Las que hagan falta, mi socio! Se cuenta nomás y punto... Cuando se acabe, se le llama a usted... Usted calcula, usted factura y me separa para mí un veinte por ciento por cada llamadita... Esto es grande, ¿eh? ¡Esto es grande! ¿Tú me estás entendiendo, no mi hermano?



-Claro, claro...



-Claro que también me tiene que trabajar bonito, socio... Y no me contrate indocumentados... La cosa ahora está que, ya tú sabes... En fin, Armando... ¿No le voy a estar explicando, no?... Eso sí, ¿ah? A partir de hoy, a usted mi brother, no le vuelve a faltar trabajo más nunca en la vida... Esta corporación tiene para rato...



Armando arranca feliz en pleno aguacero. Más allá se detiene un instante a observar cómo la lluvia no ha interrumpido a las palas gigantescas que, continúan infatigables extrayéndole el material al suelo, en medio de un traqueteo metálico. Lanza un suspiro ronco. Se siente orgulloso de pertenecer a la corporación. Pita el claxon saludando a los operadores de las máquinas y acelera patinando en el lodo.



...Llegamos poco después del huracán. Cuando habían habilitado sólo veinte apartamentos. Vinimos en avión, buey. Saqué licencia de conducir, me compré un coche... Y conseguí trabajo en el restaurante de los Jiménez ¡Ah!.. Días maravillosos de pobreza y de esperanzas, cabrón...



-No pensará pasarse toda la vida camelleando en esta porquería, ¿no? ... -dice Salomón con los ojos risueños.



-¿Qué más se puede hacer en este lugar?



-Fumarse un tornillito de vez en cuando, parsa... Hay que sacarle la vuelta a los gringos. Venga, yo le enseño...



Salomón ya tiene cuatro casas compradas en su pueblo. Una para cada hijo. Dice que para la mano, cuando se compre la suya. Salomón es discreto y la sabe hacer. Pero lo delata ese olor a yerba fresca que siempre trae encima.



Desde entonces, cada mañana, como parte de su rutina Amílcar se da su vuelta por el 309, el 321 y el 414 y se cerciora que no haya moros en la costa. Vigilancia que Salomón le reconoce con una onza quincenalmente.



-¡Eso no es nada, puto!... A la manager le cae mil por apartamento, buey... Lana es ya otra cosa, cabrón... ¡Quién cómo esa vieja!... -, lanza la bocanada del humo que tiene aguantado en el pecho.



De pronto suena la radio. Irma lo necesita en la oficina. Está pacheco. Se odia...



Pero acude de inmediato.



-¡Qué pedo!



Irma cuenta con Amílcar para todo. Ella no entiende ni papa del negocio de “rentar apartamentos”, pero está aprendiendo. Está allí sólo porque necesita el dinero. Esta vez tampoco está con Calela. Se muere de rabia. Lo que ella quiere es trabajar en la tele, en producción.



-¡Y pensar que hace poquito, yo tampoco sabía nada!



...Nomás era chofer de don René... Tempranito hacía el mercado para la mamá... Corriendito, le compraba el desayuno y, claro buey, su papelito higiénico con aloe vera... De allí, arrancaba a cambiar el sencillo... ¡Costales, carnal! Como de película... Antes que me dieran las once salía disparado a recoger las salsas secretas para repartirlas por los demás restaurantes... Igualito era por la tarde y antes que dieran las cuatro volaba a recoger los postres... Y nuevamente a repartirlos por todos los restaurantes otra vez... La comida ya se me caía al suelo de cansancio, buey...



-¡No mames!...



Armando está tan obeso que cada día le cuesta más bajarse de la camioneta. Eso sí, todo lo deduce en pies, en yardas... Una vez en el piso, observa complacido el trabajito que le ha encargado la corporación. Resuella. Piensa risas. Le bailan los ojos. Desde ahora vivirá gratuitamente en uno de los apartamentos... Está a cargo. Facturará la reconstrucción de los apartamentos dañados por el ciclón. Además remodelará las oficinas, la casa club, el área de la piscina, la playa de estacionamiento, la cerca...



Armando saca la raíz cuadrada de todo y separa para su socio el veinte por ciento.



-Buen negocio... – piensa dirigiéndose a las oficinas.



En el camino se cruza con Amílcar pero todavía no se conocen...



-Buenos días, vengo de la corporación...



-Ah... Pase, pase. La manager ya está preguntando por usted... – le contesta Yarasely sin dejar de maquillarse.



Está chorreadito. No ve las horas de llegar. Pedalea con más fuerza. Se está perdiendo el ¡happy hour!



Pedalea más duro.



-Felizmente, los edificios no me quedan lejos - se consuela -. Yo, que soy una tardona...



Efa trabaja de barman en el Alice Nude. Algunas madrugadas le permiten bailar y desnudarse. A veces, regresa con los bolsillos reventando de billetes. Pero inmediatamente se lo gasta todo en perico.



El gordo se da cara con el día. Se pasa un dedo con saliva por los ojos y mueve la mandíbula de arriba a bajo. Ha esperado en su escondite toda la noche. Todavía las manos le apestan a crack... Cuando den las ocho se le acercará y le pedirá lo que sea...



-Diez Dólares. Está bien... ¡Facilito!



-Es la última vez que te doy plata, Raúl... ¡Anda, báñate! ¡Y no vuelvas más por aquí!.. ¿Oíste?



El gordo se inyecta el crack. Su tos mortal se oye desde lejos ni bien se pincha... Se saca dos piedras de la boca y continúa tosiendo.



-Préndela... -dice la Mona con ojos de faroles...



-¡Caballo! La mayoría de las gevitas que bailan en el Alice Nude viven en los edificios...



-¡Consorte! Usted aquí se morbosea de lo lindo...



-Sólo tengo que ponerme la olímpica y lanzarme en la piscina...



-Armando, usted es un hombre con suerte...



- ¡Brother! Trabajo mucho para eso, mi socio...



Amir Abumahed, es más conocido como Sandokán. Él, reina como amo y señor del Alice Nude. Es pakistaní y mide casi dos metros. Tiene el rostro fruncido por una cicatriz intimidante, que le da un gesto homicida. Un bigote denso enjaula sus labios. Y sus ojos negrísimos destacan su poderosa nariz aquilina.



-A ese le falta sólo el puñal entre los dientes, buey...



...Su mujer es dominicana, cabrón. Es una de esas maniáticas de la limpieza. Dicen que nomás para en el templo. Y todos los miércoles tiran abajo el departamento. Está de pedo, carnal. Allí rezan hasta la mortificación, ese... Dicen, se dan de latigazos... Nadie sabe bien lo que pasa allí adentro, buey... Pero se oye como si estuvieran matando a alguien, ese. Con gemidos y todo. Para mí, que son cosas de la encuerada, buey ¿Cómo será? Pero cada vez que viene la policía, esa vieja abre con su vocecita de pendeja y se convence hasta al jura más maldito, ese...



-¡No mames, buey!



-Mire, la señora de 708 dice que sólo están rezando y que van a bajar la voz... Ya no va a tener ningún problema con ella, porque está advertida... - le explica el policía a Irma.



Ed, es un policía rechoncho con la cara de bebe y acné en la barbilla.



La Efa rasura pubis como nadie. Por eso Desde las dos de la tarde todas las chicas lo despiertan ¡Le tiran abajo la puerta!



-¡Muchacha! Tiene una mano bendita...



-¡Profesional!... – recalca Efa, mientras deja una vagina tan calva como la de una núbil.



También peina, hace manicura y pedicura... Por eso, a la Efa no le puede faltar su bolsota de perico... Con eso lo levantan las chicas.



-¡Ustedes me van a matar!... - grita emocionada y se aspira una rayota.



La Mona, cada día está más estropeada. Desde temprano recorre los edificios buscando que robarse. Cuando el supervisor la encuentra la echa como si fuera un perro sarnoso.



...Sé de muchos que han dejado que se la mame por diez pesos, ese... A mí nunca se me ofrece. Me saluda, nomás... Hace poquito los carros le tocaban el claxon cuando la veían con su shorcito parada en la esquina... Ahora también se la suben... Pero está tan flaca que ya no vale nada...



A partir del medio día hay amenaza de tornado.



Isolina cruza la pista con su cachorra Pastor Alemán bien sentadita en la canasta de la bicicleta. Es hija de campeona. Su madre ha capturado más narcotraficantes que la DEA. Isolina le ha puesto Anubis por su estampa regia. Se la regaló Ed, el niño policía que nunca se pierde un happy hour.



-¡Está preciosa!...- grita la gente al verla pasar.



El cielo se tiñe morado, el viento levanta todo. Isolina pedalea con el aire en contra. Pero, igual le cede el paso a una familia de patos que corre a refugiarse junto a la gasolinera. Anubis les ladra inquieta.



En los edificios no se admiten perros. Ahora Isolina tiene que convencer a Amílcar... Bueno, también al supervisor... Y a la manager...



-¡Es un Sable!... Igualito a Rintintín- grita abogando a favor “Arroz con pollo, Ed”, mote con el que se le conoce en la barra del Alice Nude.



-¡Arroz con pollo! ¡Arroz con pollo!...



Es la única frase en español que se sabe. Ed es un buen muchacho. Vive en los departamentos desde antes del ciclón.



-Aquí lo vimos crecer... - grita Manzanero grandilocuente levantando su cerveza- Yo mismo escribí la carta de recomendación...



Manzanero es el supervisor de los edificios y jura que, Ed es policía gracias a él. Es lo primero que piensa cuando se cruzan por los pasillos. Manzanero no habla ni jota de inglés y saluda a todo el mundo con un “Merry Christmas and Happy New Year...”, cualquier día del año.



-Es lo único que sabe decir, buey...



-¡Arroz con pollo!... ¡Arroz con pollo!.. -, le responde, Ed, a todo pulmón.



...Manzanero es el tío de Yarasely, buey... El suertudo se ganó la lotería de visas. Sabe de oficios como la mayoría. Entiende de albañilería, de mecánica y un poco de electricidad. Ya sacó licencia de electricista y es técnico en aire acondicionado... ¡Va de cohete, buey! En Cuba fue militar. Dicen que él y su esposa eran los chivatos de su cuadra...



...La esposa es una verdadera joyita de las tinieblas, carnal. Piadosa. Ama de casa ejemplar. Toda ella es un anís. Su ropa y su carro brillan. No hay nada que se pueda decir de su reputación. Pero su debilidad es el chisme, buey. Mata a sangre fría, con esa lengua viperina que el diablo le ha dado. Es un pajarraco de temer que se pasa el día entero llevando y trayendo comentarios.



Su otra debilidad es quejarse de Manzanero.



-¡Ya cansa, buey!...



-¡Muchacha! Ese hombre me va ha matar... Todo el tiempo metido en esa barra... - lloriquea Manuelita por los corredores.



-¡Ay, chica! Si yo te contara...



-¿No me diga?...



Les jala la lengua a los vecinos y, en el acto, corre a pasar el cuento a otro menso.



Hace años que Manzanero la ignora. Pero ella jura que, un día no muy lejano, conseguirá su atención de nuevo. Se lo ha propuesto.



-Que espere nomás...



El gordo Raúl tiene una maleta escondida con todas sus cosas en una casa abandonada. La que está derrumbada frente a los edificios. Raúl piensa sólo en beber y en drogarse. Poco a poco está vendiéndolo todo. Los inodoros, los lavamanos, los pisos... Se inyecta crack y tiene una tos fulminante.



-Armando, por favor, cuénteme más... ¿Verdad que le vio todito?



-Son putas, consorte, a propósito te lo enseñan todo...



-¿Y por qué no hay una sola por aquí ahora?



Armando se pasa el día en ropa de baño. Su gente le cumple. Armando jamás olvida pagarles su cheque semanal. Armando paga bien porque cobra caro... Por el momento, hay presupuesto. Los Seguros están pagándolo todo.



El huracán ha llevado arriba a la corporación.



...Cuando llegamos no teníamos nadita, carnal... La alfombra era nuestra cama. Si no fuera porque Isolina compró todo, no tendríamos ni un solo mueble. Comíamos en el piso, cabrón... Me traía en los bolsillos la carne que la gente dejaba de sobra en el restaurante...



- ¡No mames! ¡Qué asco, ese!



-Ni creas, carbón



...La escogía bien... Carroñaba sólo de los platos de las hueritas ¡Ellas casi ni comen! Todas delicadas cortan un pedacito y dejan todo... Un día cualquiera podía llegar a juntarme hasta veinte bistés, buey... Isolina los lavaba bien y los metía a la congeladora en bolsitas...



Salomón está colgado. Fumando porros como de costumbre en su hamaca en el balcón. Su piso tiene la mejor vista hacia norte. Desde allí, en un día soleado como aquel, Salomón llega a ver hasta el Down Town. Chupa su porro, retiene el humo y lo suelta al rato.



Una camioneta gris con letras de molde amarillas se estaciona abajo. Tres hombres con mameluco azul se preparan. Ramón queda petrificado. Bota todo. En un maletín recoge un par de cosas y sale disparado con el corazón explotando escalera de emergencias hacia abajo. Brinca las gradas de diez en diez. Debe controlarse. Llega al primer piso pálido como un muerto. Amílcar se sorprende al verlo. Salomón no articula una. Hace señas para que se acerque.



-E-e-e-e-sos... Tipos ¿Si-si-guen allí?



-¿Quiénes? ¿La gente de OTIS que está arreglado el elevador?



-¡Ah! Son de OTIS... De lejos, con esos mamelucos, hasta vi otras letras, parsa... ¡Casi me da infarto! - dice reponiéndose.



Isolina paga y se monta en la bicicleta. Pedalea feliz... Sostiene el timón con una mano y con la otra sujeta el árbol.



-Amílcar se va a quedar de una pieza... – carbura alegre pedaleando parada.



-¡Merry Christmas!... -, le gritan de un carro.



Lleva en la bicicleta un pino natural a cuestas ¡En plena US1! En cada esquina los autos le ceden el paso, pitando el claxon.



-¡Merry Christmas! ¡Merry Christmas!... – le grita todo el mundo.



Pronto estará en casa.



-¡Vale el esfuerzo!... – piensa contenta sudando a mares.



Isolina es hermosa pero está delgada. Es una mujer física y emocionalmente fuerte. A diario escribe cartas y llora sus recuerdos. Pero Isolina cree en el futuro. Lo construye diariamente. Isolina se gasta toda la plata comprando cosas para la casa. Todo se lo trae en su bicicleta. También compra regalos para mandar a toda la familia. Siempre cae rendida.



De pronto se levanta de un sobresalto, coge la bicicleta y sale apurada a comprar algo gigantesco que ha olvidado.



Indudablemente que todos necesitan un trabajo. Pero son pocos los que se conforman con lo que les toca. Irma, ha tenido que aceptar otra cosa, mientras espera una oportunidad mejor. Pero nadie goza de la suerte de Armando, que está amarrado con la corporación y para conseguir trabajo casi no necesita moverse. Tampoco, tiene idea ni le importan los apuros que afronta para subsistir Amílcar y muchos otros como él. Por eso Salomón, ha optado por las actividades ilegales y al parecer, las cosas le están saliendo más rápido. Pero, podría terminar arruinando su vida, igual como lo ha hecho la Mona o el gordo Raúl, que se dedican sólo a robar o a pedir limosna. Pese a todo, hay personas como la Efa que, todavía piensan que pueden controlar la situación.



Hoy mas que nunca, la gente busca trabajo desesperadamente. Pero las deudas, las obsesiones o los vicios se lo llevan todo. Sin embargo, también existen seres que no descansan, como Isolina, compradora incorregible. Y que, a pesar que conseguir las cosas le cuesta el doble de trabajo, ella continúa pedaleando. Sacándole jugo a su existencia.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Generación “ R”

Por: Eduardo Catalán




Según mi experiencia, puedo afirmar que los trastornos en la conducta de los niños que inician una terapia a base de Ritalín son repentinos. Recuerdo con mucho dolor a un niño “hiperactivo”, que fue diagnosticado con ADD y que inició un tratamiento con Ritalín. Las causas por las que el niño fue diferido a una evaluación psicológica fueron diversas.



La asociación de vecinos del condominio donde vivíamos, informó a la administración de la propiedad acerca de un niño juguetón que les quitaba la paz dándole a la pelota, chapoteando en la piscina y carcajeándose a sus anchas, justo cuando ellos regresaban del trabajo a descansar. De inmediato, la oficina se comunicó con los padres del niño recomendándoles que sería conveniente buscar ayuda con un especialista, para solucionar el problema que alteraba la tranquilidad del lugar.



Los padres, por supuesto, se indignaron por la intromisión e hicieron caso omiso a la recomendación. Esta situación produjo algunas semanas de tensión entre la asociación que exigía ser atendida y los padres del niño que se negaban con justa razón a admitir la presencia de trastornos en la conducta de su hijo. Mientras tanto, el niño inquieto continuaba con su rutina de diversión cada día después de la escuela.



Uno de los miembros de la asociación que tenía un hijo estudiando en la misma escuela, redactó una carta dirigida al departamento de psicología con el afán de concluir el asunto. En ella, les informaba su preocupación y -con el respaldo de otros vecinos que afirmaban sólo querer el bien del muchacho-, les sugirió que sería conveniente evaluar psicológicamente al alumno. Subrayando como un hecho lamentable, el sujeto agregó que los papás se negaban rotundamente a ayudar al hijo.



Sin demora, los padres fueron citados a acudir junto con su niño a las oficinas de la dirección escolar. La directora y los maestros también habían notado esa vitalidad espontánea que brotaba del niño. Llegando en consenso a la conclusión de que era “inquieto” y para que pudiera continuar asistiendo a clases, junto al grupo de los “niños normales”, debía ser evaluado psicológicamente por un especialista. Como era de esperarse, el asunto devino en el temido diagnóstico y la infaltable prescripción de Ritalín.



El cambio fue drástico. De un día para otro regresó la tranquilidad al condominio. No hubo mas chapoteos ni peloteras ni carcajadas que interrumpieran el orden. El niño continuó deambulando por los pasillos, porque sus padres trabajaban y no tenían tiempo para cuidarlo, pero su aspecto era otro. Descuidó su aseo personal por completo, comía golosinas el día entero y se volvió extremadamente obeso. Su andar era lento, babeaba, conversaba solo y emitía unos aullidos espeluznantes.



Han pasado algunos años de esto. Yo, ya no vivo allí, pero de vez en cuando veo al muchacho. Es un zombi. Divaga por las calles hablando solo. Anda desaseado arrastrando transpirado su enorme masa corporal. No trabaja, tampoco logró concluir sus estudios secundarios y cuando cumpla su mayoría de edad se irá a vivir a la calle, me comentó la última vez pidiéndome unas monedas de regalo para comprar cigarritos.



La Dra. Lorraine Day, en un artículo publicado en su página Web, afirma que “El Síndrome de Trastorno por Deficiencia de Atención (ADD) y Ritalin se han convertido en un homólogo en estos días. Al 90% de los niños diagnosticados con ADD se les prescribe Ritalín, existiendo al menos una docena de otros fármacos apropiados para el tratamiento de estos síntomas...”, asegura, además.



El mercado farmacéutico norteamericano distribuye cinco veces más Ritalin que el resto del mundo en su conjunto. En los Estados Unidos, se prescribe anualmente seis millones de recetas de este producto. Ningún otro país más prescribe en tal volumen este tipo de estimulante a su infancia. Ritalin, tiene efectos similares a drogas como la anfetamina, la metanfetamina y la cocaína.



Uno de mis primeros empleos -hace un poco más de veinte años - fue vender medicina para una gran distribuidora de productos farmacéuticos. Recuerdo que entonces, el Ritalín -producto de venta controlada por el Ministerio de Salud del Perú -, era prescrito exclusivamente a pacientes adultos que padecían epilepsia. Hasta que un día, a mediados los años ochenta, se nos comunicó que el producto había sido descontinuado debido a la existencia de efectos colaterales nocivos. No pasó mucho para que otras generaciones nuevas de drogas sintéticas lo reemplacen eficazmente.



Paradójicamente, en la actualidad, el Estado Norteamericano concede al sistema de escuelas públicas el derecho a obligar a los padres a someter a sus hijos a tratamientos prolongados a base de Ritalín, si el departamento de psicología lo determina necesario.



¿En cuales casos el departamento de psicología puede determinar necesario prescribir Ritalín?



“Un niño es diagnosticado de Trastorno por Deficiencia de Atención (ADD), también conocido como Atención Deficiente con Hiperactividad (TDAH), cuando el especialista considera que el alumno es incapaz de aprender. La determinación de la existencia de la sintomatología está basada en la observación pura de la conducta del estudiante. Método restringido a la subjetividad del observador. Generalmente se trata del niño que no presta atención porque no puede quedarse quieto. Irritabilidad, frustración y confusión mental también pueden estar presentes...”, acota la doctora Lorraine.



La American Psychiatric Association, define al niño hiperactivo de la manera siguiente: "El que exhibe un comportamiento inquieto. El que responde a las preguntas en el aula antes de ser interrogado; el que tiene dificultad para jugar tranquilamente; el que siente ansiedad de participar en actividades físicas peligrosas, como correr en la calle sin mirar. Por último, el niño que no puede seguir instrucciones...". Comportamiento que no sólo yo puedo juzgar como normal en la mayoría de los niños.



“Este diagnostico es más frecuente en los varones que en las niñas,,,”- continúa ilustrándonos la doctora Lorena-, “... dado que éstas maduran más pronto. Razón por la que en un aula dónde hay niños y niñas de la misma edad, los chicos, al estar menos maduros, parecen ser hiperactivos...”, añadió.



Los estudiosos detractores de Ritalin, han observado que el fármaco ocasiona efectos secundarios irreparables en el comportamiento. Tales como la supresión del crecimiento, trastornos del pensamiento, crisis convulsivas, dolores de cabeza, visión borrosa, pérdida del cabello, provocación de gritos similares a ladridos, afición a repetir palabrotas, tartamudeo. También puede darse cambios repentinos de humor, depresión, proclividad a la dependencia de drogas y brotes de apetitos por actividades delictivas.



Todavía siguen siendo escasos los estudios realizados sobre los resultados a largo plazo ingiriendo Ritalín. Los fabricantes de drogas de tipo anfetamínico como el Ritalin, advierten en sus literaturas la presencia de ciertos efectos secundarios o reacciones adversas en determinados pacientes, luego de tratamientos prolongados. Entre las secuelas contraproducentes que se distinguen con mayor frecuencia se incluyen, dolores articulares, dolores de cabeza, dolor abdominal, fiebre, anorexia, náuseas, mareos, nerviosismo, insomnio, palpitaciones, somnolencia, aumento de la presión arterial y el pulso, aceleración de la frecuencia cardiaca, angina de pecho, arritmias cardíacas, psicosis real.



“ Sin embargo, resulta curioso que durante las presentaciones médicas no se enfatice acerca de uno de los riesgos más importantes, como la dependencia grave que produce en pacientes que han sido dosificados durante periodos de tiempo prolongados. Además, hay poca evidencia de éxito a largo plazo con el uso de medicamentos para la hiperactividad... ” , concluye, preocupada la doctora Lorraine.



La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer sugiere – en todos los casos- que, si los estudios demuestran que una sustancia química ocasiona cáncer en animales, debe asumirse también un riesgo similar en seres humanos. A mediados de los años noventa, fuentes especializadas revelaron que los ratones que recibían dosis equivalentes de Ritalin, a las prescritas a niños diagnosticados con ADD, eran atacados de una forma fulminante por tumores en el hígado, constatándose también la presencia de carcinomas raros y extremadamente malignos.



Indiferente a todo, la FDA y la compañía farmacéutica fabricante de Ritalin señalaron que: "No era una razón suficiente como para retirar la droga del mercado...”. De inmediato el fabricante contactó, a través del correo postal, a más de cien mil médicos dentro del territorio norteamericano asegurándoles que Ritalín era una droga "segura y eficaz" y recomendada por la FDA, confirmaron otras fuentes.



A pesar de la infinidad de hechos lamentables registrados con relación al abuso de Ritalín, todavía se continúa prescribiendo como alternativa exclusiva para el tratamiento del ADD. Es innegable que deben existir mejores experiencias con Ritalín. Como lo es también la multimillonaria utilidad que perciben anualmente los fabricantes y los distribuidores del producto. Lo alarmante es la proliferación de niños diagnosticados con ADD. Esta generación, tal vez sea recordada como la del Ritalín. Ojalá no se tenga que lamentar más sus consecuencias.



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[1] Fuentes: http://www.drday.com/attentiondeficit.htm



http://www.scn.org/~bk269/r-ball.html

Anomia Social y el "Crímen Organizado"



 Por: Eduardo Catalán FB








La desesperanza, el desconcierto e incertidumbre política que sobrelleva la población actualmente; agravados por ciertos patrones promovidos desde la clase gobernante, hacen que proliferen conductas delictivas y antisociales entre los sectores de menor poder adquisitivo. Sin embargo, los delitos perpetrados por el "crimen organizado" son producto de la Anomia Social. Es decir, las fechorías ideadas por "una mente criminal" que tiene acceso a canales institucionalizados –o que pertenece a los mismos-, dónde consigue información clasificada o del flujo del dinero para apropiárselo y repartirlo entre sus secuaces o grupo de poder. Revelar información confidencial para cometer delito escapa del control de los custodios del Orden. Ya que, al ser premeditado en las sombras, no se tiene la certeza de dónde y cuando se dará el golpe. Permite además, la posibilidad que alguno esté involucrado y evite patrullar por el lugar mientras todo sucede. Especulando al respecto podríamos pasarnos el día entero.







Lo que es un hecho es que, frente al “crimen organizado”, la ciudadanía está desprotegida. La institucionalización del peculado trasluce la Anomia Social que experimenta una Nación en general. La Anomia es un fenómeno social originado por la desatención de los Gobiernos de las funciones que lo definen de manera deontológica por antonomasia.







¿Qué quiere decir esto? Que, las instituciones privadas y estatales evidencian comportamientos contrarios para los cuales fueron creadas. Existe Anomia Social, cuando el banco roba; el colegio corrompe. Cuando los empleos son una estafa o cuando los centros de estudios pierden valor por pertenecer a sectores populares. O cuando se engaña en el peso; o se venden las cosas con fechas expiradas o en mal estado. Cuando se desvaloriza los productos nacionales frente a los importados. Y, claro, cuando la policía es corrupta, los jueces están comprados; o las licitaciones públicas son una farsa; o cuando se comercializa con la salud y la desgracia. Cuando los alcances del Estado no tienen nada que ver con la Canasta Familiar. Otra muestra grave es cuando la milicia se entromete en la Democracia. La Anomia es la pérdida de los Valores morales y sociales dentro de una sociedad, como producto del fracaso del programa del gobierno aplicado y de la ineficacia de la Ideología imperante.







Todos estos indicadores determinan la existencia de Anomia en una sociedad. Lo peor es que los efectos de la Anomia Social son irreversibles y queda sólo detenerla. Porque la persona pública, privada o jurídica que ha descubierto que robando, corrompiendo o asesinando,  puede llegar más lejos que honradamente, nunca va a cambiar de parecer. La Anomia se detiene de menor a mayor. El cambio debe empezar por la integridad propia, por los hogares. De allí, a las calles, los distritos, las provincias, las Regiones, la Nación en general. Poner coto a la Anomia implica un reclamo solidario sin distinciones ideológicas de todas las personas comunes, hacia las Autoridades, la Empresa, el Espectáculo, la Educación, el Deporte, la Prensa, el Teatro, la Cultura. Un “de pie” enérgico, para que no se atropellen más las Garantías Sociales.







El poder de la gente, del consumidor, del votante, del televidente, del radioescucha, de los estudiantes, de los trabajadores, de las amas de casa, de las Redes Sociales, etc., etc. Resulta inconmensurable, si en este sentido existiera un consenso. Y los gobernantes lo saben; pero también conocen nuestras debilidades y por eso se valen del engaño, la coima, la corrupción, la desinformación y del enfrentamiento de intereses para adormecer el espíritu crítico y comprar la opinión. Por todo esto, una necesidad capital, es superar la adolescencia de nuestras Democracias lo más pronto posible.







Los Archivos “R”

Por: Eduardo Catalán








1







Han transcurrido siete años escasamente desde que el estrago sobrevino. En el vecindario nadie parece haberlo olvidado y es que no es para menos. Aquel hecho está todavía cercano en las mentes de todos y aún se machacan esos momentos acerbos. Como si fuese ayer cuando la policía acudió a la casa de los Ravelo, irradiando cada recoveco de la cuadra, tronando desapacible las sirenas. Fueron las hermanas Hernández Gutiérrez quienes dieron la alarma sobrecogidas de horror.







Jairo jugaba a la pelota a diario, junto a la casa de las Hernández Gutiérrez. Ellas, enjaulaban al Choki para que no arrancara detrás de la bola, cada vez que el niño la aporreaba con el ímpetu de un jugador experimentado. Las veteranas se deleitaban contemplándolo desde la ventana, fantaseando con orgullo que sobresaldría pronto como pelotero del colegio. Les fascinaba su aspecto porque, les hacía recordar los días cuando Tiago andaba en casa. Sobre todo, por esa forma tan peculiar que tenía Jairo para sostener el bate.







-¡Igualito a mi Tiaguito! – prorrumpía la menor.



-¿Qué será de la vida de ese malagradecido?- criticaba la otra.



-¿Cómo te expresas así, del pobrecito? ¡Con lo atareado que debe estar ahora, que es todo un doctor! – Interrumpía regañando la madre, queriendo disculpar la indolencia del hijo.







La maestra opinaba que Jairo era un buen niño: “ No era de los más aplicados, pero sí de los más listos... Las tareas en clase las terminaba en un dos por tres...”, explicó la mujer a la prensa cuando tuvo oportunidad de hablar de su alumno.







Su memoria era notable comparada con la de su padre que, era incapaz de retener hasta los anuncios comerciales que martilleaba la televisión a diario. Jairo asombraba a todos en la mesa, repasando con pelos y señales el acontecer transmitido por los noticieros. Siempre se trataban de hechos horrendos, desgracias familiares, crímenes, violaciones de menores, deportaciones. Toda esa programación de la que se ocupan siempre los canales hispanos y de la que sus padres nunca se desenganchaban.







Entonces, Jairo tenía once años y era normal verlo jugando solo. Su rutina, desde que llegaba de la escuela hasta que retornaban sus papás del trabajo, se cifraba en practicar frenético contra la pared de las Hernández Gutiérrez y enseguida volver a su habitación a continuar absorto en sus videojuegos. Desde que inició el régimen con Ritalín se había transformado en un niño considerablemente apático. Sus papás, como muchos, no advertían las secuelas del químico en el comportamiento de Jairo. Por añadidura, pensaban que si el fármaco había sido prescrito por un médico –indiscutiblemente-, tendría que ser lo mejor para el niño.







-¿Para qué han estudiado, sino? – Se despreocupaba Mariana, la madre.







Después de la prueba psicológica a la que fueron arbitrariamente sometidos todo el alumnado, la directora escolar se negó ha recibirlo en las aulas, si no llevaba una constancia de haber iniciado una terapia a base de Ritalín para tratarle el ADD y ellos habían estado de acuerdo, también.







-No se preocupe, voy a pedir permiso en mi trabajo para llevarlo yo misma... – le anticipó Mariana, recibiendo la dirección de la sicóloga que, además era sobrina de la directora y responsable del departamento de sicología de la escuela.







Durante el periodo escolar anterior, en el transcurso de una semana por lo menos, doscientos cincuenta alumnos fueron evaluados por el departamento de sicología y a noventa de los colegiales, oficialmente se les diagnosticó ADD. Para que estos chicos ascendieran al siguiente grado en cualquiera de las escuelas del Estado, sus padres, se vieron forzados a incorporar a sus niños en un régimen a base de potentes anfetamínicos como Ritalín y sus derivados. Los resultados fueron positivos, aparentemente. Un par de meses más tarde, el departamento de conducta en una visita oficial constató que la disciplina imperaba otra vez en la escuela.















Mariana estaba encinta aguardando a una niña a la que llamarían Carolina, como la abuela paterna. Era ella una mujer todavía joven, guapa de origen centroamericano, que había emigrado a los Estados Unidos escapando de los maltratos de un padre dipsómano. Hombre necio que tenía en una pocilga martirizados a su mujer e hijos, sujetos a sus arrebatos. Mariana no tenía mayor instrucción que la que pudo recibir en una escuela destartalada a cargo de los religiosos de su aldea. Pero su pasión era la costura. Oficio con el que proveía sustento para la madre y sus maltratados hermanos. El dinero que conseguía el padre trabajando como estibador, lo despilfarraba inmediatamente en diversiones porcases. Hastiada de aquella vida, Mariana juntó plata y un buen día se vino para Norte América traspasando la frontera por Tijuana. Razón por la cual, Mariana, no deseaba rememorar su pasado infeliz. Ni siquiera, Yoselindo, el marido, tenía claro los pormenores de su niñez, mucho menos del lugar exacto de su nacimiento. Situación de la que tampoco hablaba con su mujer por considerarla una experiencia lejana, lamentable y muy característica de las costumbres indígenas que se imponen en el resto del Continente.







-¡Estos indios! ¿De qué países vendrán?- juzgaba exaltado saboreando todas esas barbaridades delincuenciales, que le gustaba de la televisión.







Yoselindo había arriesgado la vida en búsqueda de la tierra de la “libertad”, surcando el océano trepado en un neumático junto con otros diecisiete socios. Ya de esto hacía mucho tiempo, pero el recuerdo subsistía implícito en su memoria y siempre que podía se lo remachaba a Jairo que, lo escuchaba despreocupado, sin manifestar un ápice de asombro. Y parecía que Yoselindo leía con desencanto en la mirada de su hijo este desinterés por tamaña aventura, que casi le cuesta la vida a él y a sus diecisiete socios. A veces Jairo, preguntaba por los nombres de los camaradas de viaje del padre pero, o Yoselindo no recordaba ninguno o simplemente los callaba. Por algunos instantes hacía memoria como si principiara a nombrarlos, pero en el acto, una mueca ensombrecía su semblante y al instante escapaba de sus recuerdos. Luego, proponía al hijo que fuera a jugar a su cuarto.







Yoselindo remaba de sol a sombra. Era camionero repartidor de golosinas por las mañanas y durante las tardes empaquetaba carne en el interior de un frigorífico gigantesco. A media noche llegaba muerto de cansancio, comía algo y en el acto se metía a la cama, muchas veces sin desvestirse. Veía poco a su hijo. Se contentaba aguaitándolo de vez en cuando desde lejos, pegado a sus juegos frente al computador.







Mariana tampoco era una madre comunicativa. Extrañamente, ella disfrutaba más hablando sola. Al mismo tiempo que se ocupaba de las labores de la casa, emprendía interminables conversaciones apócrifas con compañeros del trabajo, conocidos circunstanciales, vecinos, celebridades, hasta con parientes remotos, de esos que estaba segura que no volvería a ver. Preparaba sus pláticas con anterioridad, incluso las que entablaba con Yoselindo. Por lo general, siempre le resultaba y se resentía cuando el diálogo cambiaba de rumbo. Mientras tanto, Jairo en su habitación no hacía más que proferir exclamaciones. Estremecedores chillidos de euforia, que excitaban a rabiar al Choki por un buen rato. Por cierto que, estas singularidades no eran sólo el complemento del nervio vehemente con el que Jairo se entregaba a sus videojuegos.







-Ese chico era raro... ¡Tenía una fortuna en videojuegos! ¡Muchacho! Tanto como para comprase un auto del año – reveló un vecino al ser interrogado por la policía.







Sin embargo, a nadie le perecía malo que Jairo se pasara el día entero clavado frente a la pantallita de su ordenador.







-A ver Jairito, ¿cuál es el último juego que te haz conseguido? – le decía su tío soltándole propina para que comprara más disquitos.







-Es uno, tío, donde sujetas cinco metralletas con cada mano. El que le lanza más descargas al enemigo gana y entonces pasas a la siguiente categoría que, en lugar de metralletas, sacas como sesenta cohetes hasta pulverizar al enemigo con unas balas poderosas dum-dum, que lo revientan en millones de pedacitos...



-¿Y quién es el enemigo? – preguntaba horrorizado el hombre.



-Cualquiera, pues tío... El enemigo puede ser cualquiera...







Jairito, principiaba con este tema y ya no paraba hasta que advertía que era ignorado. En el acto, daba media vuelta rumbo a su habitación a continuar con lo suyo.



























2



















Una década ha pasado, desde la madrugada nefasta cuando el incendio devastador -ocasionado por el estallido del calentador a gas-, achicharró la casa del frente. En el intento por salvar sus pertenencias, sus moradores, los padres de Rudy, sufrieron quemaduras graves que les produjo la muerte algunos días más tarde, luego de soportar padecimientos atroces. Por suerte, en aquel momento el muchacho estuvo de campamento en la escuela de verano y se libró del infortunio. Durante un par de años después de la desgracia, Rudy, peregrinó por cada casa del vecindario, hasta que el seguro, por fin, reparó los daños y pudo volver a habitar su inmueble, como si nada hubiese sucedido. Sin embargo, los gritos desesperados de los quemados, todavía despiertan en sobresaltos a los vecinos insomnes que presenciaron la tragedia.











Cruzando la acera -junto a la casa que Andrew barrió -, vivía Rudy el policía. Así era popular en el suburbio, pese a que jamás había pertenecido a la institución. Rudy era un tipo singular, dedicado al culto de sus muertos. Andaba seudo uniformado continuamente; él mismo reformaba atavíos militares a su capricho. Alguna vez, formó parte del equipo de seguridad que patrulla el centro comercial del barrio y era un hecho que entonces, les había levantado la ceja a muchos de los que residen por aquí. Rudy causaba lástima, desde el siniestro episodio que significó para la vecindad el fallecimiento de sus padres. Por eso le justificaban cualquiera de sus extravagancias. Cada mañana tendía ropa de cama en el jardín y durante un buen rato la sacudía prolijamente. Alrededor del medio día, salía en trusa olímpica embadurnado a broncearse. Al rato, se zambullía en una enorme tina de goma que permanecía enchufada a la manguera desbordándose de por vida.







-¡El pobre! – Exclamaba la menor de la Sánchez Gutiérrez espiándolo sumergido de medio cuerpo en su alberca de jebe. Acordándose cuando era niño y se iba a jugar con Tiaguito a la pelota.











Rudy tenía cerca de treinta años pero, había pasado los últimos diez adherido a su seboso trono desfondado frente al computador. Era fornido, de brazos recios, muslos enormes con un abdomen voluminoso y tatuado el cuerpo por completo. Sin embargo, andaba infatigablemente obsesionado por su nutrición. Cuentan que durante la etapa de su adolescencia, cuando vivían sus padres, se le dio por la pornografía. Entonces, su terapeuta sugirió el tatuaje como sustituto. Por eso, ahorraba con obsesión para terminar de colorearse desde los tobillos hasta la cabeza. También coleccionaba fetiches. Encuadraba arengas marciales, insignias antiguas, parafernalia armamentista desfasadas, placas de autos patrulleros, un sinfín de adefesios que amontonaba con apego. Los mantenía colgados en la pared o sobre la chimenea junto a la fotografía de sus padres, a la que nunca le faltaba al lado una copa con agua cristalina.







-¡Bendición, mima! ¡Bendición, pipo! - honraba por la mañana de rodillas, frente al retrato de la pareja difunta sobre la chimenea. Luego cambiaba el agua del cáliz y empezaba con su ritual de limpieza minuciosa de sus más jactanciosos tesoros.







Rudy ya era una leyenda entre los chiquillos del barrio. Cuando se asomaba por la heladería, sólo le faltaba firmar autógrafos. Tenía comics por millares, desde sus orígenes. Enumerar el museo que Rudy almacenaba, era pasarse el día hablando de él. Los más charlatanes, afirmaban que Rudy poseía las profecías ocultas del verdadero Freddy Kruger. Rudy, en absoluto contradecía nada de lo que se especulaba acerca de él. Al contrario, se nutría de los coloquios que sostenía de vez en cuando con los chiquillos, de ellos adquiría información fresca. Cuando algún film del interés de la pandilla se estrenaba, Rudy se los llevaba al cine a todos. También, estuvieron desde la madrugada, primeros en la cola cuando salió PLAY STATION I, II, III, X box 360 y en muchísimas ocasiones análogas, más. Eventos a los que los papás nunca tenían interés de acudir. Era para muchos un alivio que Rudy estuviera alrededor siempre para suplantarlos.







-Rudy era un niño más entre todos... Nos acostumbramos a que sea así... Y nunca le vimos nada malo, oficial... Nada malo... Usted, sabe...







Rudy en la clandestinidad, sacaba copias de los videojuegos y se las vendía a los muchachos que, eran sus cómplices y, de hecho, una tumba en caso de ser interrogados, además. Pero el gordo no vivía de eso, su negocio consistía en comprar y revender extravagancias por el Internet. Pasaba días conectado pujando en “e-bay” - centavo a centavo-, por piezas de plástico, figurillas de papel, calcomanías, brazaletes... Una vez obtenidos, empezaba la oferta por cuenta propia. Era sorprendente lo rentable que podían llegara a ser a veces sus cachivaches.







-¡Parecía increíble, óigame!... ¿Qué, corriera él sólo con los gastos de toda la patota? ¡Ese muchacho hacía mucho dinero, señor! Aquel negocio del Internet le rendía ¿Era legal? Supongo... ¿No?... - entonó con reticencia en su oportunidad la mayor de la Hernández Gutiérrez, sospechando del quehacer al que Rudy se dedicaba.











Yoselindo y Mariana, llegaron al barrio algún tiempo después del fuego. Lo que averiguaron de entonces, era lo mismo que las hermanas Hernández Gutiérrez habían divulgado. Sin embargo, la certidumbre de que alguien más haya enfrentado la muerte -ya sea padeciéndola de cerca como le sucedió a Rudy al perder a sus progenitores-, fue suficiente para que Yoselindo encuentre motivaciones especiales y le agarre afecto singular al muchacho. Prácticamente, trataba a Rudy como a un veterano de guerra y le hacía todos los honores de un compañero de armas. Los domingos por las tardes lo invitaba al jardín, freía algo, bebían Hatuey una tras otra y terminaban abrazados lloriqueando sus recuerdos.







-¡Diecisiete! ¡Diecisiete! ¿Me estás atendiendo? – hipaba ebrio Yoselindo, momentos antes que Mariana lo acostara, luego que Rudy cruzara en una pata hacia su casa.







Entre todos, Jairo era el preferido de Rudy. Cada vez que el gordo acudía de visita, nunca le faltó en la mano un disco nuevo que acababa de bajar del Internet gratis especialmente para él. El niño lo admiraba. Estaba sugestionado por la incuria que el gordo contagiaba. Entre ambos, obraba una mística asociada a las fantasías que se fundaban entorno a todos esos disparates que les apasionaba. En sus peores arrebatos de codicia, Jairo estaba dispuesto a lo que fuere por conseguir la más insignificante pieza de la colección del gordo. Era este un convencimiento enfermizo que le quitaba el interés por cualquiera otra ambición. Rudy, sentía también una particular afinidad con el niño; le recordaba la época cuando vivían sus papás.







-¡Veinte más! ¡Veinte más! ¡Cómo macho! – tutelaba el gordo al niño. Bravucón, lo obligaba a que concluya una serie más, con las pesadísimas mancuernas.







Jairo se arraigó al gordo, al igual que se somete el militante aplicado a una doctrina manumisora. Plantó para siempre sus afanes diarios con la pelota, para recluirse en la casa de Rudy frente al computador. Navegando en un mundo de páginas, acrecentando sus fantasías, quedaban abstraídos durante horas continuas, hasta el momento en que Mariana golpeaba insistente la puerta y los sobresaltaba. Calladita, irrumpía con las ojeras hasta el piso de cansancio, sujetaba de una mano al hijo y en el acto partía. Ella también apreciaba a Rudy pero –maliciosamente-, se preocupaba en ocultar el alivio que significaba que el gordo se ocupe gratis de Jairo después de la escuela.



















































3



























Carolina se adelantó un par de meses debido a la presión atmosférica que la tormenta causó al aproximarse a tierra. Esa había sido la explicación que el médico, justificando su advenimiento anticipado, le dio a la madre. Sin embargo, para la mayoría, es aún más inverosímil que continúe viva. Y no por su condición prematura, sino porque la menor sobrevivió al golpazo que se dio contra la calzada, al precipitarse por la ventana del ático de su vivienda. El estruendo contundente sobresaltó al vecindario a la hora del almuerzo. Carolina fue conducida a emergencias dentro de una ambulancia bulliciosa, seguida de cerca por cuatro luminosos carros patrulleros y durante algún tiempo, el incidente ocupó los titulares de los noticieros locales. Por la dimensión de tal negligencia, los padres fueron obligados, luego de ser retenidos algunas horas, a comparecer más tarde ante una corte familiar y a cumplir una condena de seis meses de probatoria, asistiendo forzosamente a una escuela de orientación de paternidad responsable. De no ser así, de inmediato sus hijos pasarían a disposición de las autoridades estatales, para el arbitraje oficial de sus respectivas tutelas, hasta la mayoría de edad.











Carolina nació al mismo tiempo que Katrina abatía con potencia atronadora, las terrazas, los muebles de patio y los cercados del vecindario. Brotó minúscula, el rostro arrugado, las manitos cárdenas, con las justas emitía una carraspera leve como llanto. Las expectativas que se formaron los doctores al recibirla fueron desesperanzadoras.







-Parece que tu niña no va ha resistir... ¡Pobrecita! – vociferó la enfermera de turno irrumpiendo en el cuarto de sopetón.







Mariana sintió desgarrársele el corazón. Torrentes de lágrimas resbalaron por su rostro todavía cadavérico por el esfuerzo de parir. Paladeando los efectos de su chisme, la sujeta le comunicó que debía marcharse a casa antes del medio día. Luego, con indiferencia, procedió a descorrer estrepitosamente los cortinones de las ventanas. Afuera, el paisaje lúgubre, enfangado hasta niveles catastróficos, acrecentó su congoja.







La opinión médica concordaba en que, lo mejor para Carolina era quedarse en una incubadora algún tiempo más. Sin embargo, ciertas complicaciones de tipo práctico (el seguro de Mariana no cubría mas que los gastos del parto), hicieron presión en el departamento administrativo del hospital y forzaron su salida anticipadamente. A riesgo de la madre, la prematura debería continuar desarrollándose en su casa.







-Le doy veinticuatro horas... - quedó murmurando la enfermera con las demás compañeras. Mientras observaban a Mariana con descaro alejarse rumbo a los elevadores, con su bebé miniatura en brazos.







De esto, ya hacía cuatro años. Carolina, era ahora una niña fornida y traviesa a rabiar. Su llegada alteró de una manera positiva la rutina oscura a la que Jairo acostumbraba. Le agarró tal majadería con la hermana que, renunció espontáneamente al ostracismo que se imponía conectado en su habitación. Por algún tiempo, la nena aplacó esos nerviosismos que lo trastornaban.











Las últimas vacaciones escolares que Jairo pasó en libertad, no se acercó ni una sola vez por la casa de Rudy. El niño quedaba a cargo de su hermanita mientras Yoselindo y Mariana se iban para sus trabajos. Jairo, entretenía a Carolina mejor que sus padres. Se entregaba a ello con la misma vehemencia obsesiva con que hacía todo. Inmerso en las fantasías que la presencia de la bebe suscitaba en su imaginación fecunda.







-¡Si parecía su juguete nuevo, mi hijita! ¡Vaya usted a saber, qué pasaba por la cabeza de ese muchacho!- Señalaba la mayor de las Hernández Gutiérrez, refiriéndose a Yoselindo porque consentía que el niño se quede solo con la Carolina.







Rudy sintió mucho la ausencia de Jairo. En su cabezota, no cabía la idea de que aquella niña fastidiosa, se hubiera interpuesto entre los dos. Dejó de asistir a los convites del jardín, aduciendo un malestar hepático. Y no mentía, le enfadaba de una forma perniciosa todo lo relacionado con la chiquilla. A Yoselindo y a Mariana también les agarró antipatía, los culpaba a muerte. Sobre todo, por derivarle a Jairo su cuidado.











* * *











Entonces, Rudy consiguió un macizo dogo albino, que llamó Demonio. El chisme que circulaba por la heladería era que el gordo había comprado al animal de remate porque, ese perro desconoció a su anterior dueño y mordido en forma brutal a su familia por todo el cuerpo. El predicamento de animal carnicero pronto se esparció por cada uno de los hogares del vecindario y la mayoría prohibió a sus hijos que se aproximen al canino.







-¡Pobre de ti, que te me acerques a ese animal horroroso! ¡Te entro a golpes con la cuchara de palo! ¿Oíste? ¡Y, no me importa que me denuncies a la policía! – le previno Mariana a Jairo, que no se despegaba de la cuna de Carolina meciéndola con frenetismo.







Rudy se sintió marginado, separado de sus amigos pequeños, de sus admiradores... Esto lo deprimió tanto que, hasta descuidó su aseo personal. A diario se le veía barbudo, embutido en un seboso mameluco de soldado, adiestrando al can en el jardín, junto al charco alrededor de la alberca. Decía que preparaba al animal para que funcionase como un arma mortal y saliera en su defensa a una mínima orden suya.







-Este perro, ahora es mi mejor amigo... – balbuceaba huraño en la heladería, acariciando su mascota. Mientras Demonio, erguido fieramente en dos patas, lengüeteaba voraz su porción de helado delante de los concurrentes, que lo observaban con perplejidad.







Debido a que, Diablo atacaba gatos, sapos, patos, zarigüeyas, ardillas, hasta a los perros pequeños del vecindario y tropezarse con los despojos expuestos que quedaban apestando durante días por las calles era frecuente; los vecinos estaban circulando una lista recaudando firmas para obligar a “ese gordo extravagante” a que se deshaga de la fiera.







-¡Hasta yo, le tengo miedo a ese perro! ¡Muchacha!... – se justificó Yoselindo, garabateando su firma sobre la circular que la menor de las Hernández Gutiérrez le alcanzó por la tarde.







El hecho inusitado, sucedió cuando los hermanos jugaban cerca de la ventana del ático y Rudy le hizo señas a Jairo desde la acera del frente, para que se asome y vea la clase de mapache que Demonio acababa de atrapar. Jairo abrió la ventana y, en fracción de segundos, Carolina se precipitó contra la acera. El niño, nunca pudo entender cómo sucedió tan rápido. Las hermanas Hernández Gutiérrez lo vieron por completo todo y dieron el parte a emergencias en el acto. Carolina fue conducida de inmediato al hospital más cercano y Jairo, trasladado a un centro de menores hasta que sus padres fueran por él.







Prodigiosamente, Carolina quedó ilesa. Pero los doctores – desconfiando de la suerte que corrió la niña -, le hicieron cantidades de pruebas que detallaron con minuciosidad en una factura cruel que sobrepasó los $30,000.00 y que consternó tanto a Mariana y a Yoselindo como si la bebe, en realidad, hubiese fallecido. Al extremo que, las 24 horas de detención, la fianza de rigor y los cargos por negligencia que en su contra se levantó, ya no significó mucho. Una corte familiar decidiría dentro de algunas semanas, el futuro de los niños.







Jairo pensó que su hermanita había muerto y, un buen rato, estuvo reclamándola desquiciado. Tampoco entendía qué hacía metido en esa habitación fría, las manos sujetadas y sometido a incesantes preguntas por desconocidos en uniforme que, se referían a sus papás como si se tratase de los enemigos. Su reacción extralimitada tuvo resultados lamentables, sobre todo, después que la asistenta social puso en evidencia que, al niño continuaban dosificándole Ritalín, por más de cuatro años consecutivos. Por recomendación de la fiscal a cargo, el menor Jairo Ravelo, debería ser reevaluado por el departamento de psiquiatría y, de ser necesario, recluido temporalmente en un sanatorio infantil, hasta que la corte compruebe su recuperación.







































4























Hoy, al despuntar el alba, un adolescente enloquecido acribilló a sus progenitores mientras despertaban. Anegando de sangre el barrio tranquilo de La Pequeña Habana. Acto seguido, el parricida abordó el autobús escolar, ocultando con sangre fría su crimen y en la chaqueta el arma mortal. Situado en el aula, abrió fuego contra la sicóloga y dos de sus compañeros de clase, asesinándolos en el acto. Consumada la matanza, huyó de la escuela por la puerta delantera a vista y paciencia de los desconcertados alumnos y profesores que, escapaban despavoridos a ponerse a resguardo. La policía capturó al menor en la puerta de su domicilio, en el momento que intentaba volarse los sesos pegando el cañón contra su cráneo. Por suerte, ya no tenía más balas...















Nada volvió a ser lo mismo en el barrio, luego de las complicaciones que trajo el caso Carolina. Naturalmente que, por lo bajo, la mayoría responsabilizaba a Mariana y a Yoselindo de todo. Sin embargo, ninguno quiso abrir la boca para criticar. Por el contrario, celebraban con franqueza que la niña estuviese completa. Mas, en la intimidad del hogar de los Ravelo, se cocinaban otras habas. Yoselindo y Mariana culpaban a Jairo de lo sucedido. Les daba tanta cólera todo el escándalo que se había formado alrededor de ellos que, tenían vergüenza hasta asomarse a la ventana. Pero, en la mazmorra más recóndita de su egoísmo, el dolor era mayor por los gastos que todo este ajetreo les estaba ocasionado. Cada nada, por cualquier pequeñez, Yoselindo castigaba a Jairo a correazos. Exponiéndose a que, los lenguaraces, avisen de inmediato a la policía para que se le levante otro cargo más por violencia familiar.







La casa de los Ravelo se convirtió en un infiernillo. A cada rato se presentaba de forma inesperada un empleado público, un reportero o un policía local haciendo preguntas. La asistenta social asignada a la evaluación de la familia, permanecía horas en el sillón apuntando en silencio no se sabía qué, en su Laptop. Mientras tanto en la cocina, la televisión recalcitrante a todo volumen, no paraba de repetir al detalle lo ocurrido. Los Ravelo, fueron descuartizados por la opinión pública. El caso Carolina enardeció los programas debate del medio día.







Paralelamente a la desgracia, los vecinos por fin, consiguieron que Rudy se deshaga del animal feroz. El gordo les prometió con el rabo entre las piernas, que eliminaría al perro lo antes posible. Algunos días después del suceso inesperado, mientras sus padres asistían a una de las reuniones obligadas, timbró el teléfono y Jairo contestó. Era Rudy. Urgente, quería conversar con el niño.







-Es de vida o muerte, amiguito... – dijo el gordo tratándolo como si no hubiese sucedido nada.







Jairo se escurrió por la puerta trasera de su domicilio sin que la asistenta social lo notara, la dejó como de costumbre, sentada apunte y apunte no se sabía qué cosas. La menor de las Hernández Gutiérrez - en una de sus inspecciones por la ventana-, alcanzó a distinguirlo de casualidad, cruzando la calle rumbo al portal de la casa de Rudy.







-¡Allí va el zamarro desobediente, otra vez a lo mismo! – se dijo en voz alta.







Lo primero que hizo Rudy, fue abrazar fraternalmente a su pequeño amigo rompiendo en llanto. Lágrimas de ira contenida surgieron a borbotones de los ojos del gordo, humedeciendo el hombro de Jairo que, sobrecogido por tan inesperado recibimiento, lloró también, dejándose apretar por su viejo camarada.







-Tú nomás me entiendes, Rudy... – balbuceó el niño moqueando.



-Lo sé, amiguito... Lo sé... – redobló el gordo halagado, mientras enjugaba tremendos lagrimones







Y esta fue la última vez que los amigos se reunieron. Al día siguiente, Jairo perpetraría su crimen horrendo y Rudy nunca más volvería a mostrar la cara por el vecindario. Nadie puede decir qué sucedió entre los compinches durante esta entrevista final ¿Qué fue lo que acordaron? Jamás se sabrá a ciencia cierta. A menos, que Jairo confiese.







El detective a cargo de las investigaciones, teniente investigador Ariclenes Piedra, ha pasado los últimos años recopilando información y formulando teorías que lo ayuden a reconstruir los hechos. De acuerdo al material descubierto -luego que irrumpiera en la morada del gordo y encontrara en la casa de a lado todo un arsenal bélico capaz de volar un centro comercial, como se declaró en los noticieros-, le ha sido posible establecer algunas hipótesis que, podrían ayudar a esclarecer las motivaciones que Jairo tuvo para acabar de forma tan cruenta con sus padres, con la sicóloga del colegio y con dos de sus mejores compañeros de aula.







-Es indiscutible, señora Fiscal... Este muchacho se ha preocupado en eliminar a quienes lo conocían mejor... - argumentó Ariclenes a la corte, abriendo la sesión preliminar.







Lo que se sabe por boca del niño asesino, es que Rudy le proporcionó el arma de fuego.







-¡Ese gordo salvaje acribilló a sangre fría a su perro delante del niño!... Todos oímos el disparo, oficial... - declaró un vecino que prefirió mantenerse en el anonimato.







-Este cartucho, Señora Fiscal, fue hallado enterrado en el cráneo del animal, una vez que el cadáver del can se exhumara del jardín de la casa de Rudy Molina Palacios y, por supuesto, es del mismo calibre de los que el joven homicida usó el día de la masacre... – culminó grandilocuente Ariclenes, entregando el casco de bala para que fuera registrado como evidencia en la oficina de la fiscal.







Las investigaciones condujeron al teniente Piedra hasta el día de la explosión del calentador a gas. Circunstancia fatal, en la que perdieron la vida los padres de Rudy.







-Este, tampoco es un hecho aislado, Señora Fiscal. Quisiera agregar también a las evidencias, esta cita enmarcada en pan de oro que fue encontrada sobre la chimenea, firmada por el implicado, Rudy Molina Palacios y que dice: “Los obstáculos deben ser eliminados, aunque respiren...” – leyó con voz grave Ariclenes, colocando el cuadro sobre el buró público.







El oficial Ariclenes, sin ocultar su indignación, se atrevió también a aseverar - basado en la información acumulada en el disco duro del ordenador de Rudy -, que Jairo, estuvo expuesto de un modo intencional a una pérfida visión de la realidad.







-Ha sido incautado por el departamento de homicidios, señora Fiscal, un vasto material explícito con relación a esto. Videojuegos de fabricación clandestina con temas de ultra violencia, con incitaciones al odio; historietas con argumentos estimuladores de apetitos de abuso, de discordia, de hostilidad, de humillación... – enumeró titubeando Ariclenes colocando estremecido una mano sobre el bolsillo del saco, donde siempre guardaba la fotografía de sus hijos.







Disimulando con maestría su estupor, reveló que el departamento de Homicidios, también había quedado sorprendido al comprobar la existencia de impresionante cantidad de páginas Web al respecto. Esta fuente de datos, consta también en la corte como evidencia calificada de peligrosa, corrupta y clasificada para el entendimiento objetivo de un niño de la edad que entonces, tenía el homicida precoz.







Así mismo, Ariclenes Piedra ha comprobado que Rudy, acarrea de una forma enraizada serios problemas psiquiátricos.







-Señora Fiscal, en el inventario de sus pertenencias, se hallan también antiguas prescripciones de Ritalín y credenciales que lo confirman como actual paciente del departamento de Psiquiatría del Hospital Jackson Memorial - resoplando, Ariclenes le alcanzó el sobre conteniendo la evidencia. Luego, continuó susurrando -... me aventuro a asegurar, Señora Fiscal, que tal vez, este es otro caso que vamos a terminar archivando, ya que ninguno de los dos implicados andaba en su sano juicio... – dedujo resignado.







Es del dominio de Ariclenes Piedra, la idea de que Rudy habría sido quién incitara al muchacho a ejecutar a quienes se habían puesto en su contra. Señalándolo como autor intelectual del homicidio múltiple. Por supuesto que, el teniente Ariclenes es conciente que una vez concluya con las investigaciones, su deber es demostrar sus teorías para que, la Corte, juzgue a la mano ejecutora con benevolencia.







Mientras tanto, Jairo Ravelo aguarda sentencia, sin haber mencionado una palabra. Lleva recluido siete años en una prisión juvenil del condado, esperando cumplir la mayoría de edad y sea juzgado como un adulto por su crimen.















































Carta al Presidente Barak Obama















Señor, Barak Obama, Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica,







Querido Señor Presidente:







Espero que se encuentre bien de salud en compañía de su linda esposa e hijas.







Señor Presidente, le cuento que dentro de poco cumpliré doce años. Cada día me hago una niña más responsable y me esfuerzo mucho en la escuela para poder lograr mi sueño, que es llegar a ser abogada. Aunque sé que para eso falta bastante, todavía.







Señor Obama, Seguro que debe haber oído sobre el caso del joven asesino Jairo Ravelo. Él, es mi hermano y hace siete años que está preso. Aún no entiendo por qué enloqueció de ese modo ¿Acaso, los videojuegos pudieron cambiarlo así, como aseguran en la escuela? No tengo respuesta para esto, Señor Presidente. Los doctores dicen que mi hermano ya no vive en esta realidad. Al parecer, no recuerda nada de lo que hizo, con las justas me reconoce. Eso duele mucho. Dentro de poco cumplirá la mayoría de edad y será condenado como si hubiese cometido su crimen siendo adulto. Esto también es injusto, Señor presidente. Aunque lo más probable es que lo recluyan de por vida en un sanatorio







Me gustaría transmitirle una historia linda que me contaron acerca de un niño feliz que jugaba a la pelota contra las paredes de los vecinos, hacía ladrar a los perros del barrio y desesperarse a los viejos cascarrabias. Era un niño inquieto y preguntón en la escuela y con el bate un campeón. Yo era muy pequeña, entonces. No recuerdo nada de esto.







Más bien, tengo una imagen borrosa de un muchacho introvertido, alejado de la realidad. Babeando cuando hablaba, obsesionado por sus fantasías y dopado, a primera vista. Según me cuenta mi nueva mamá, mi hermanito estuvo ingiriendo durante cuatro años seguidos un medicamento que le hizo mucho mal.







¿Está, Ud. enterado sobre esas drogas que están invadiendo las aulas para facilitarle el trabajo a los maestros?







Por momentos pienso, Señor Presidente, que mi hermanito fue dañado por un diagnostico apresurado. Mi mamá adoptiva tiene mucho miedo que me meta a opinar sobre esto. Ella cree que es difícil que se equivoquen en una escuela, sobre todo los médicos... Pero en el fondo, lo que teme es que comprometa mi futuro. A mí me da miedo, también.







Si ese fuera el caso, Señor Obama, ¿los culpables deberían quedar impunes? ¿Cuántos niños más tendrán que alocarse, Señor Presidente? ¿Qué futuro le espera a otros niños inquietos, cuándo se descubra otra droga de la buena conducta? ¿Llegará el día en que el alboroto en la escuela sea historia? Mi mamá adoptiva dice que en su época, los niños movidos eran considerados inteligentes y que ahora es todo lo contrario.







Recuerde Sr. Obama, sus días de la escuela, cuando correteaba feliz junto con sus compañeros por los pasadizos de su plantel, disfrutando de su infancia, seguro de las buenas intenciones de sus profesores. Pienso que es así como debe sentirse un alumno cerca de sus maestros, para llegar a alcanzar las oportunidades que usted obtuvo.







Sin otro particular, me despido deseándole el mejor de los mañanas para sus encantadoras hijas, de las que soy una gran admiradora.







Cordialmente, Carolina Sánchez Gutiérrez.

Corazón de Papel

 Por: Eduardo Catalán


Aparento ser fuerte pero me engaño...

Otra vez aquí.

Intento resistir pero me engaño...

No encuentro a dónde ir.

Y tu sonrisa, tu piel suave, tus ganas de vivir...

Te lastimé, te hice sufrir... Te he defraudado.



Compartimos el mismo lecho pero ya somos extraños...

Y tu sonrisa, tu piel suave y tus ganas de vivir.

El tiempo pasó factura y me he resignado...

Invento un futuro pero me engaño... Te engaño.

Otra vez aquí.



Corté tus alas y afilé mis garras...

Te lastimé, te hice sufrir... Te he defraudado.

Cuando te digo que todo pasará, te engaño...

El tiempo pasó factura y me he resignado.

Y tu sonrisa, tu piel suave y tus ganas de vivir...



El sol me sofoca, la noche me atormenta...

No encuentro a dónde ir.

Te digo que todo pasará pero te engaño, me engaño.

Invento un futuro, intento resistir, te hago sufrir...

Y otra vez estamos aquí.



Tus manos delicadas, tus pies pequeños...

Pero somos extraños...

Y tu sonrisa, tu piel suave y tus ganas de vivir..

Pero somos extraños...

El tiempo pasó factura y me he resignado.

Invento un futuro, afilo mis garras, te hago sufrir.

Y otra vez aquí.



Aparento ser fuerte pero mi corazón es de papel.

Te he hecho sufrir... te he defraudado, corté tus alas...

Te engaño, me engaño y el tiempo inclemente pasó factura...

Perdón mi amor...

Corté tus alas, borré tu sonrisa, marqué tu frente...

Y todavía continuamos aquí.

Íntimos, tú y yo...

Por: Eduardo Catalán




Seis lustros amándote.



Sin ceremonia ni contratos.



Íntimamente, tú y yo.



A nado.



Sin prole ni obligaciones.



Sólo tú y yo, amor ingenuo.



Mi pariente más cercano,



Flor náutica.



Luchando cuerpo a cuerpo contra la adversidad,



Anclamos en coral.



Ardieron cruces, mugió el viento,



Se sacudió el mar.



Y sobresalimos.



A flote,



Hemos tolerado, creído, errado,



Sufrido, caído, levantado.



Y continuamos como la primera vez.



Tocándonos, conociéndonos.



Sólo tú y yo, amándonos intimadamente.



Remando.



No tenemos grandes posesiones ni apuros.



Pero cuando te beso soy millonario.



Mi triunfo.



La más grande ola.



Mi valor más preciado.



Espuma celeste.



Mi testaferro, mi tesoro.



Mi barca.



Tu y yo estamos completos



Cuando tardas, desfallezco;



Necesito tu presencia,



Tu risa, tus ganas de vivir...



Como pez,



Me nutro de tu aliento y sólo un roce de



Tu vello me llena de fibra.



Me antojo de ti, cada momento



Y soy recompensado,



Sirena.



Tú y yo estamos completos,



Es una exactitud cósmica.



Tangible.



Como cielo y mar...



Íntimos, tú y yo.



Braceando infatigables

Sostiene un plástico mugriento que golpea con un níquel y se sujeta el pantalón hecho jirones...

Por: Eduardo Catalán








Sus nalgas escuálidas asoman entre los guiñapos. Está descalzo. Y su huella queda impresa granate en la acera a causa de un pie sangrante. Encima trae puesto una camiseta inmunda con una regia imagen sacra, que se refleja en los vidrios de cada automóvil detenido frente al semáforo. No tiene pelo. Su expresión es joven, pero trastornada. Los conductores se enfadan. Las monedas que le tiran son escasas.







-¡Anda trabaja, oye!



-¡Deja la droga!







La luz del semáforo cambia, el tipo acelera con su pie malo. Otra vez recorre uno por uno los carros con su sonrisa desesperada. Un chofer acelera con la intención de asustarlo y lo saca del camino. Los demás, aseguran puertas y ventanas y continúan hablando por su celular con la mirada fija en el vacío.







Una mujer aparece del lado opuesto de la calle y se dirige decidida hacia él. Lleva una bolsa plástica. En el acto, el hombre hace contacto visual con ella y enrumba a su encuentro.







Una patrulla se detiene. Un par de policías lo obligan a inmovilizarse. El hombre intenta explicar lo que está a punto de sucederle y levanta el brazo haciendo el ademán de señalar a la mujer que se acerca. Pero uno de los oficiales reacciona rápido y con sorprendente práctica lo reduce de espaldas al piso sujetándolo fuertemente por las muñecas con una tira de plástico irrompible. La policía llegó antes que la mujer. Los trajo una denuncia hecha desde un celular. Un chofer ofendido por la exposición de tanta miseria ante sus hijos y en plena calle.







-¡Yo pago mis impuestos!







Al verse perdido, el sujeto, empieza a vociferar. El oficial le pide que guarde silencio y, como el hombre continúa gritando con mayor desesperación, pide refuerzos. Ensordecedoras, al momento llegan un par de patrullas deslumbrantes y bloquean la avenida, haciendo más dramático el cuadro de lo que ya es con un hombre semidesnudo esposado de espaldas en medio de la berma a plena luz del día.







La mujer llega corriendo pero la policía no le permite acercarse. Ni quieren saber lo que tiene que decir. Está advertida: Si no mantiene diez pies de distancia tendrán que arrestarla. El tráfico se congestiona porque nadie quiere perderse ni un detalle. La policía hace su trabajo. Van y vienen de un patrullero a otro, intercambian papeles, hablan por la radio... Se lo llevan detenido.







En la siguiente luz la comitiva policial se detiene y - como algo que los conductores creen no haber visto -, bajan al sujeto y con las mismas arrancan en plena roja con las sirenas encendidas. El hombre se tira en la acera. Una sonrisa de felicidad se desborda de su rostro demacrado. El brillo de sus ojos se enciende. Satisfecho, besa la pulserita del hospital que hace un mes lo expulsó por falta de recursos y que ahora lo ha librado de la cárcel. De pronto, mira para todos lados. Otra vez se preocupa. En el acto se pone de pie y le saca lustre al brazalete de plástico. Se siente mejor. La luz cambia. Los carros se han detenido. El tipo comienza a pedir limosna con más ánimo mostrando su pulsera.







Parece que por fin ha logrado reunirse con la mujer. Allí está sentado. Medio oculto en un rincón comiendo con la mano de la bolsa que ella traía.

EL PRÓXIMO ABRAZO, APRIETE FUERTE, POR FAVOR...

Por: Eduardo Catalán








Marta Patricia bajó del avión con su modesto equipaje y reventando de esperanzas ¡Por fin en Miami! “Todas las que tuve que pasar para conseguir la visa de turista... ¡Ya llegué!”. Era la primera vez que viajaba fuera y no pensaba volver. Era un hecho. En su libretita verde tenía de todo: el número de su amiga del colegio, del chico de su barrio, el de la señora del trabajo... ¡Ahora le tocaba a ella!... Sentía que el corazón le iba a explotar... En su cabeza resonaban los consejos que su hermana, en traguitos, le dio la noche anterior. “Vas a ver que un gringo se va a enamorar de ti al toque...”. Pero a ella no le gustaban mucho los gringos... “¿Qué tendríamos en común?...”. Además, ella no venía a buscar un marido sino a trabajar. No es por nada pero a ella jamás le faltó un enamorado... La chata era fachosa... Pero por ahora quería concentrarse en buscar chamba... Así que caminó derechito al teléfono público para llamar a su amiga y empezar una vida nueva.



“¡Uf!... ¡Qué calor! Le encantaba el sol y se bronceaba negrísima con su tanga roja que le duró como tres veranos. Era bajita y curvilínea y no había chico que no volteara al verla pasar. Tenía el cabello castaño oscuro que se teñía un par de tonos más claro una vez al mes. “Ay, amiga, el cabello claro te favorece montón...”, le decía Periquito, el de la peluquería del barrio, antes de vaciarle encima un frasco de decolorante. Cada semana se metía en el cine aunque sea para ver una mala película con tal de darse una vuelta con sus amigas o con su enamorado... “Lo malo era que ganaba una miseria, pues...” Su papá era relojero y su mamá había muerto un año atrás arrollada por un microbús justo en la esquina de su casa. El horrible accidente conmocionó a todo el barrio justo cuando estaban a punto de perder el tallercito que tenían frente al mercado. Su hermana mayor se quedó a cargo de la casa pero, como tenía que alimentar una escalerilla de mataperros en pañales, la plata ya no alcanzaba para nada. El papá de los niños brillaba por su ausencia porque se había conseguido otro compromiso. Se aparecía sólo para los cumpleaños y se iba con las mismas después de dejarles una propina.



Apenas unas semanas antes del viaje, un despido masivo dejó a su hermana sin empleo. Ahí sí que empeoraron las cosas... “Tengo un montón de razones para irme...Te juro papito que ni bien llegue me consigo un trabajo y al toque te estoy mandando platita... Ya vas a ver... No te preocupes, viejito... En un año vengo de visita... Y de repente nos vamos todos...”, le dijo al despedirse en el aeropuerto. Como Marta Patricia no quiso ponerse sentimental, todavía se despierta arrepentida de no haberlo apretado un poco más... Después de darle sólo tres meses de entrada y de rebuscarle de rabo a cabo toda la maleta, no le dejaron pasar la bolsita de chancapiedra que su papá le puso en el bolso de mano. Afuera la esperaba su amiga y chorreaditas de sudor, igualito a cuando jugaban voleibol en el patio del colegio, se dieron un fuerte abrazo y lloraron de alegría.... Pero se separaron rapidito y de un susto cuando el esposo, aburrido, les pitó el claxon de la camioneta. Los primeros tres meses se la pasó cuidando a un par de niñas caprichosas que se divertían echándole la culpa de todo y la acusaban con su papá. El gringo se creía todo lo que decían sus querubines “Pourque en esta país lous niñous nou mienten” y las antipáticas le sacaban la lengua y se burlaban de ella cuando le racionaban hasta el papel higiénico. Marta Patricia no tenía privacidad ni para llorar porque dormía acostada en el piso en un colchón delgadito que tiraba junto a las camas de las niñas. Y toda la noche estaba pendiente atendiendo sus necesidades. Pero tampoco podía dormir porque se la pasaba pensando si su familia tendría para comer. Se levantaba adolorida y agotada. Casi no comía para no molestar y se puso flaquísima la pobre chata. A solas en Bayside, Marta Patricia le contó a su amiga la difícil situación económica por la que pasaba su familia y la necesidad que tenía de percibir un ingreso. A escondidas del marido, la amiga, le prestó su Social Secuirity y se consiguió un trabajito bañando perros en una veterinaria cercana. El gringo la odió a muerte porque tuvo que pagarle otra vez a la antigua niñera. Por eso empezó a cobrarle por el cuarto, o mejor dicho, por el piso del cuarto... La chica se levantaba al amanecer y regresaba muerta de cansancio ya bien entrada la noche. Para no tener que caminar como veinticinco cuadras de ida y de vuelta, se compró una bicicleta de segunda mano en un Garage Sale y con ella se transportaba por toda la ciudad. Las noticias que recibió de Perú eran desgarradoras. Casi al mes de su partida, su papá perdió el negocio porque agarró la plata de una letra que tenía que pagar para alimentar a los chicos y, para colmo, a la hermana le habían diagnosticado Diabetes... Necesitaban plata urgente... Marta Patricia, los tranquilizó porque ya tenía trabajo... “No se preocupen que todo se va a arreglar. Ya van a ver...” En aquél entonces tenía que manejar hasta la Calle Ocho para mandarle dinero a su gente. Sin contener las lágrimas pedaleaba de regreso con ganas de que fuera mañana para irse rapidito a trabajar... Una noche su amiga la recibió con una cara de a metro ¿Cómo era posible? ¿Se creía que su casa era un hotel? ”¡Te me vas ahorita mismo! ¿Crees que no puedo denunciarte a migraciones?... ¿Ah?... ¡Ratera!... ¿Adónde están todos los ganchitos de pelo de las niñas?... ¿Y las otras cosas? ¿Crees que no me doy cuenta que se los mandas esos muertos de hambre de Lima?... ¿Ah?... ¡Mis hijas no mienten, te he dicho! Y la puso con sus maletas de patitas en la calle. Previa registrada, por supuesto. El gringo no despegó la vista de su periódico ni dejó de comer sus Tostitos con salsa. Más tarde recordó que la niñera no le dio cara y que se escabulló con el rabo de paja. Marta Patricia jamás supo qué se les perdió. Caminó por horas como un alma en pena. Dejó de llorar y sacó su libretita verde. Llamó a su amigo del barrio y la acomodó en su garaje. Pero el chico estaba casado y la mujer se puso celosa. Así que al poco tiempo se tuvo que ir. Rodó un par años como una gitana y compartió el techo con mucha gente. Se dedicó a la limpieza, a cocinar, a cuidar ancianos. Pero no lograba ser constante con sus envíos de dinero a Lima. Pasó un buen tiempo hasta que pudo encontrar un trabajo fijo, comprar un carro y alquilar un departamento. La muerte de su papá la agarró de sorpresa. Hasta ahora lamenta no haber podido pasar esos últimos años con él ¡Ni siquiera sabe dónde está enterrado! Cuánto le pesa no haber apretado un poco más fuerte a su pobre viejo, que se murió esperándola. Compró a crédito algunos muebles, artefactos, ropa y montones de regalos para mandar a Lima... ¡Compró y compró! Terminó comprándose un perro para tener con quién hablar... ¡Quería recuperar el tiempo perdido! Los sobrinos habían crecido y sabían pedir aunque ni siquiera se acordaban bien de ella. Marta Patricia se desvivía por mandarles sus gustos y las mejores marcas. Trabajaba como una hormiga para pagarles los estudios, los uniformes, las pensiones y lo demás... ¡Lo pagó todo! No tenía tiempo ni para buscarse un novio... Cuando la hermana falleció mandó por los tres adolescentes que le sacaron el jugo durante años y hoy andan en las discotecas despilfarrando lo que ganan... Ella todavía quiere hacer algo con su vida. pero no sabe qué... Todavía se siente fuerte, a prueba de bombas.... “Me parece que fue ayer cuando llegué ...” se dijo el otro día que regresó cansada del trabajo. Mientras lavaba su uniforme y se preparaba la cena recordó que hacía quince años que no iba al cine y que no tenía una verdadera amistad... Que jamás volvió a tener un mes de vacaciones... Tampoco sabría qué hacer con ellas... No se había vuelto a broncear en la playa. Que no había subido un cerro y que no había gritado de felicidad... “¡Si que no he hecho nada!... Sólo ir y venir del trabajo al supermercado...”. El día que sus sobrinos cumplen años recogen sus regalos y se largan con las mismas ¡Ni le hablan!... En su casa ya no hay nada divertido... “¡Ah! Pero qué bueno fue esperarlos... Junté para sus pasajes, les compré todo nuevo, los puse a la moda... ¡No podrán quejarse!...”, Marta Patricia no sabe qué hacer con su vida... Ya no tiene crédito... Los estudios de los chicos la dejaron endeudada hasta el cuello... Pero ha empezado a ahorrar nuevamente. Quiere regresar al Perú... Necesita un chequeo médico y arreglarse los dientes... Tal vez hasta jalarse las arruguitas... A ver si se quita esa expresión de fracaso que cada mañana intenta disimular con montones de cosméticos... Por eso no quiere irse sin plata... ¿Qué va ha hacer con sus cosas? ¿Dónde va ha meter todo lo que ha comprado?... Se resignó a regresarse sin nada... ¡Total! ¿Ya no tuvo de todo?... Todavía le palpita fuerte el corazón cuando piensa en el futuro. Pero Marta Patricia no cree que es demasiado tarde para nada y ha jurado tomar aquél avión de regreso pase lo que pase.